Cuando no se entiende la enseñanza

Un maestro se dirigió a un discípulo y le dijo:

-Ve al claro del bosque, saca la enseñanza de la escena que contemplarás y en adelante actúa en consecuencia.

Hacia allí se encaminó el discípulo y, efectivamente, pudo observar a un lobo que estaba tumbado con las patas rotas. Minutos después, vio cómo un tigre se acercaba al lobo con una pieza recién cobrada. Después de que el rey de la jungla se alimentara, dejó comer al animal lisiado un buen pedazo de carne sobrante.

El discípulo quedó maravillado de cómo la divina providencia se las ingeniaba para alimentar a aquel animal inútil. A partir de entonces decidió dedicarse a la total contemplación, considerando que si Dios alimentaba así a una bestia también le enviaría el sustento a él. Meses más tarde, el maestro fue a visitar al discípulo y lo encontró en un estado cercano a la inanición.

-¡Estúpido! -le gritó-, has tomado la conducta del lobo herido y yo te mandé a que aprendieras del tigre capaz de alimentarse a sí mismo y de alimentar a un necesitado.

Extraído del libro «Los 120 mejores cuentas de las tradiciones espirituales de oriente»

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