Estudiar a Kardec y vivir de acuerdo con sus libertadoras enseñanzas

Cuantos afirman que la obra de Allan Kardec está superada, se equivocan. La realidad es que la Codificación elaborada por el insigne pedagogo y filósofo lionés, bajo la orientación del plano espiritual superior, permanece inédita para la gran mayoría, principalmente para muchos que hoy se encuentran vinculados a las filas del movimiento espírita. Por eso mismo, se impone el imperativo inaplazable de estudiar a los que anhelan conocer la verdad del Cristianismo redivivo, verdad que la Doctrina Espírita restaura en la actualidad terrestre.

Tengamos siempre presente que el maestro lionés no creó una filosofía de carácter personal. Así mismo, aliando, en su extraordinario esfuerzo de síntesis, Ciencia y Religión, lanzó las sólidas bases de la Fe Razonada, a través de la cual se hace posible que el hombre alcance el conocimiento pleno de las Leyes de la Vida, y consecuentemente, de sí mismo.

Al afirmar que el Espiritismo sería el más poderoso auxiliar de la religión en el combate al materialismo deprimente, Kardec extendió fraternal socorro a la creencia convencional, sitiada en sus propios dominios por el avance de la tecnología moderna, porque no se limitó a teorizar simplemente, antes experimentó en el laboratorio de las reuniones espíritas, investigó con seriedad, consultó a las inteligencias de lo Invisible, sondeó lo Etéreo y, por fin, trajo a la luz El libro de los Espíritus, la base inamovible de la Tercera Revelación.

Consideró aun, con el buen sentido de quien fuera una de las figuras más brillantes del siglo que lo vio nacer, que la Doctrina Espírita, en su natural dinamismo, acompañaría paso a paso, el progreso científico, lo que le permitiría no estancarse ni negarse a establecer cambios, cuando fuese necesario someterse ante los hechos nuevos que quedasen claramente demostrados por la ciencia.

¡Es que, por encima de todo, Allan Kardec fue amigo sincero y leal de la Verdad, identificándose, en espíritu, con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que prometió enviar al mundo, en época oportuna, las luces inconfundibles del Consolador!…

Correspondió a Allan Kardec desentrañar de la letra ─mensajes recibidos mediúmnicamente─ el espíritu de las verdades eternas, pues las lecciones del Verbo Divino yacían, hasta entonces, eclipsadas en las sombras de intereses inmediatistas de hombres que desgraciadamente no dudaron en permutar la Verdad por ciertos valores transitorios de la vida.

Así, pues, a pesar de las conclusiones apresuradas de los llamados “innovadores”, el Espiritismo prosigue y proseguirá siempre en su marcha victoriosa porque antes de vincularse a las instituciones cambiantes del mundo, es la Doctrina de los Espíritus que tutelan desde lo Más Alto, bajo la égida del Señor, el progreso de la Humanidad, los mismos que viven emprendiendo continuados esfuerzos para que se mantengan inalterados y siempre vigentes en sus principios fundamentales.

Sin embargo, para tal fin, es importante que cada trabajador espírita cristiano, actualmente encarnado en el planeta, lo estudie para conocerlo mejor y que sobre todo, procure vivir de acuerdo con sus libertadoras enseñanzas, porque la palabra por más erudita que sea, no sustituye al ejemplo más humilde.

Recordemos que Jesús, el Cristo de Dios, nos legó el Evangelio sin escribir por sí mismo una sola palabra, no obstante, sus hechos iluminaron los siglos, despertando conciencias y enalteciendo corazones.

¿Sería justo hablar de la superación del Pentateuco codificado por Kardec, cuando aún no se tiene la comprensión plena de su lúcido mensaje?

¡Espíritas hermanos, estudiar el Espiritismo y vivir de acuerdo con su libertadora enseñanza, que revive y explica a Jesús, he aquí en suma, ahora y siempre, el derrotero para cuantos desean penetrar en los dominios de la sublime iniciación a la Verdad, que regenera, educa, perfecciona y eleva!…

Espíritu Carlos Imbassahy

(Mensaje recibido por el médium Carlos A. Baccelli en reunión pública del Grupo Espírita da Prece, en Uberaba, Minas Gerais, Brasil). Anuario Espirita 2017.

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