Propiedades del periespíritu

El campo energético plasmador de la forma es revestido por fluidos más o menos sutiles, en consonancia con el progreso alcanzado por el Espíritu que se utiliza de él. El periespíritu, en sus actuaciones más distintas en el terreno de la vida, es portador de características propias que mejor lo aclaran llevándose en cuenta todo lo que en él se observa.

Estructurado a lo largo de los milenios, desde los remotísimos tiempos del principio anímico, acumulando experiencias a lo largo de las eras, el periespíritu viene reflejando la evolución lograda por el Ser Inteligente, escalón a escalón. En esa larga y milenaria marcha, con el perfeccionamiento y complejidad del campo energético, tal estructura al participar de la naturaleza material, en virtud de ser subproducto del fluido cósmico, principio material que todo penetra, y de la naturaleza espiritual de la quintaesencia, por la imponderabilidad que le caracteriza, demuestra unas tantas propiedades importantísimas, responsables por enorme gama de fenómenos de profundidad, inexplicados muchos, debido a la ignorancia que les rodea.

El periespíritu se presenta como un cuerpo penetrable y penetrante, elástico, emisor por excelencia, plástico, absorbente. Sin embargo, por la característica de penetrabilidad, ese envoltorio del Espíritu no encuentra barreras materiales que no pueda sobrepasar, así adentrando en ambientes herméticamente cerrados, y por la misma razón, es atravesado sin ninguna dificultad en su estructura, por los cuerpos materiales. Gracias al aspecto de su capacidad elástica, concebimos la razón por la cual estando el cuerpo en cierto lugar, pueda el Espíritu desplazarse, desprenderse, provisto de su cuerpo sutil, viajando por todas partes, por más distantes que sean, cuando entonces se caracterizan los fenómenos de desdoblamientos, desprendimientos, conscientes o no, de los individuos.

En el área de la irradiación, energías emitidas por el alma siempre activa, se expanden en determinada región que la circunscribe, sufriendo su natural influencia, más o menos amplia, de conformidad con el nivel del desarrollo intelectual y moral de esa inteligencia. Sin embargo es gracias a su plasticidad que el cuerpo periespiritual logra tener modificadas sus formas externas en consonancia con la acción del psiquismo de la Entidad Espiritual.

Se convierten en figuras dantescas, irracionales incluso, en hipantropía, licantropía o en cualquier otra expresión zoantrópica, en los estados de la mente enferma y culpable, grotesca, liberada del cuerpo somático. En razón de esa peculiaridad es, sin duda, que los Espíritus Nobles que poseen méritos reconocidos, pueden mostrarse en el Más Allá con formas joviales o ancianas, exteriorizando variados aspectos de reencarnaciones próximas o distanciadas, metamorfoseándose según sus necesidades de trabajo o de sus lúcidos deseos.

El periespíritu consigue asimilar, a través de su capacidad de absorción, esencias materiales finas, fluídicas, encharcándose en ellas o traspasándose de fluidos espirituales de los más diferenciados que ofrecen al Espíritu, temporariamente, ciertas sensaciones como si estuviesen encarnados. No es por otra causa que Entidades desencarnadas aún en los estadios groseros de evolución, exigen de los que se ponen en sus campos vibratorios, comidas y bebidas para su satisfacción personal, como recompensa o pago por las ayudas que prometen prestar.

Otros hermanos del Más Allá ordenan que se ejecuten sacrificios de animales, piden flores y frutos frescos, ocasiones en que pueda absorber el fluido vital de los alimentos y del plasma sanguíneo que, durante algún tiempo, da a la Entidad desencarnada un tipo de nutrición que le hace sentirse humanizada, persona, otra vez… Eso le hace posible más fácilmente el acceso a sus presas, a los obsesos, y a aquéllos que les hacen tales ofrecimientos y atienden esas exigencias. Es necesario que nadie ignore que todos los que comparten esos caprichos perniciosos de desencarnados explotadores, ofreciéndoles esos «alimentos», son responsables por los efectos infelices que de eso advengan, respondiendo cada uno por sus actos, en la relación directa de la comprensión que tengan de la vida y de la virulencia con que se hayan juntado con esos hermanos desdichados de lo invisible.

Los Espíritus no comen ni beben, conforme el entendimiento humano común, por faltarles el aparato orgánico. No obstante, absorben las esencias finas que entretienen la vitalidad y disfrutan de los placeres más raros a través de esas propiedades valiosas que, por ahora,no saben valorar. Ese cuerpo periespirítico, del cual tan poco aún se conoce, guarda en su estructura, curiosas, importantes y graves virtudes, gracias a las cuales un día, el Espíritu libre y luminoso alzará vuelos a los más vastos y altos cielos, transformándolo en «traje nupcial» glorioso en los tiempos felices, cuando el Espíritu se identifique mejor con el Cristo que, por ahora, dormita en su intimidad, despertando gradualmente para la definitiva comunión con el pensamiento del Creador.

«En razón de su naturaleza etérea, el Espíritu propiamente dicho no puede obrar sobre la materia grosera sin intermediario, esto es, sin lazo que le una a la materia; este lazo, que constituye lo que vosotros llamáis el periespiritu da la clave de todos los fenómenos espiritistas materiales.» (El Libro de los Médiums)

Por el espíritu Camilo

Médium J. Raúl Teixeira
Extraído del libro » Corrientes de luz»

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