El centro fuerte

– Señor Fabricio. –Reclamó el bien puesto caballero. – Hace varias semanas que vengo compareciendo a las reuniones de asistencia espiritual, según sus recomendaciones y, hasta el momento, no experimenté ninguna mejora. Continúo con la jaqueca de siempre, acompañada de una insuperable angustia e incómodos desarreglos digestivos…

– Mi hermano. –Respondió el dirigente con suavidad. – Es eso así. Como le vengo explicando, usted está bajo la acción de un obsesor que busca venganza. Hay una profunda unión entre ambos, nacida de una vieja asociación del pasado. Es necesario dar tiempo al tiempo…

– No obstante, –reclama el consultor– me informaron que este es un centro “fuerte”. Mentores poderosos trabajan aquí. Podrían resolver mi situación rápidamente…

– No sólo aquí, sino en cualquier agrupación donde se procure observar la orientación espírita y las lecciones de Jesús, hay benefactores espirituales obrando en nuestro beneficio.

Ocurre que la solución de nuestros problemas no dependen tanto de la ayuda del Cielo; es imperiosa la buena voluntad de los interesados, en la Tierra. No basta recibir ayuda de los Espíritus, los beneficios del “pase” o el confort del mensaje espírita cristiano. Es preciso cultivar la oración, disciplinar las emociones, superar irritaciones y resentimientos y, sobre todo, ejercitar el Bien. El esfuerzo de la Caridad es recurso fundamental de liberación, sensibilizando a los perseguidores espirituales y cambiarlos en sus intenciones malévolas.

– Sí, sí.

– Estando de acuerdo el caballero, sin convencerse.

– ¡Pero el señor ha de convenir que con las dificultades que vengo enfrentando es imposible seguir semejante orientación!

– Realmente, no es fácil, no tanto en virtud de su estado, es mucho más porque semejante intento exige un cambio radical en nuestras motivaciones, en el empeño por superar el inmediatismo terrestre para razonar en términos de Vida Eterna. Raros son los que se disponen a esa “guirnalda existencial”…

– ¿Quiere decir que no hay otro camino?

– Pienso que no. – Concluye Fabricio – Por lo menos no lo conozco. El propio Cristo se refiere a él cuando habló sobre la puerta estrecha…

– Pues bien, –informó el consultante– seguiré su orientación…

El caballero bien puesto se despidió y partió. ¡Nunca más volvió! Siguió adelante en la
búsqueda de un Centro “más fuerte” Muchos ven en el Centro Espírita un mero recurso de cura para males espirituales, cuya eficiencia está subordinada a la “fuerza” de sus dirigentes y guías. Hacen “vía sacra” en los grupos espiritistas, sin aprender la lección fundamental: la cura de sus males está subordinada, esencialmente, al esfuerzo de su propia renovación.

Richard Simonetti
Extraído del libro «Cruzando la calle»

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