Humildad y Jesús

Viviendo el día a día de los hombres, participando del alegre vaivén, Jesús a todos envolvía en ondas de ternura.

Aclamado por la gratitud que se manifestaba, espontánea, de los beneficiarios de su afabilidad y misericordia, nunca se dejó arrastrar por el júbilo fácil, desapareciendo casi siempre del vocerío para buscar el silencio y meditar.

Habituado a la falta de consideración de los verdugos improvisados por la multitud desordenada, no se permitió asimilar el tóxico de la desesperación que se derramaba, contaminando a todos los participantes del hediondo drama de la Crucifixión.

De corazón accesible y espíritu franco, todo su ministerio fue un cántico de exaltación a las cosas simples, conocidas del pueblo y de respeto a la humildad y al amor.

Combatido por excelencia, no se dejó humillar en las querellas farisaicas, ni tomó el partido de los mandatarios que oprimían al pueblo.

El pueblo, la gran masa de sufrientes – rebaño donde se guarda el dolor y se refugia la aflicción – fue gran amor, su pasión…

El mismo pueblo que, acicateado por indignos afamados, ignoraría su sufrimiento y lo llevaría a la cruz, mas para quien Él vino, descendiendo de las Remotas Cimas, para amarlo y sufrir por él… Y estuvo siempre en medio del pueblo, hablando el lenguaje del pueblo, viviendo la vida del pueblo.

Maestro, se hizo amigo de parlanchinas criaturas de la aldea, volviendo a experimentar las alegrías infantiles.

Guía, caminó por las ásperas sendas, discreto como un aroma de lavanda campesina, orientando siempre.

Señor, se rodeó de hambrientos guardias y rudos camelleros en los albergues del camino, pareciendo igual a ellos.

Sabio, consideró las lecciones del verbalismo popular y con esas imágenes de los viejos refranes tejió la guirnalda imperecedera de su Apostolado doctrinario.

Excelente, no aceptó la denominación de bueno, elogiando al Padre como digno, tan solo Él, de tal calificativo.

Sano, sustentó enfermos y los curó, mitigó la sed de muchos y atendió al tormento del hambre de los que lo cercaban, repetidas veces.

Trabajador, metodizó las tareas para no cansar a aquéllos a quienes convidara para el ejercicio divino de la fraternidad.

Nunca se exaltó entre los que lo rodeaban.

Perdíase en la multitud, a pesar del halo de trascendente belleza que lo destacaba…

Y en las breves horas reservadas al reposo, después de las fatigas, refugiábase en la noche para someterse al Padre.

***

¡Jesús y humildad!

Ni rebelión ni engrandecimiento.

A pesar de injusto el tributo, contribuyó a su pagamento – respetó a la ley.

Aceptó las inocuas abluciones como de valor espiritual, a ellas refiriéndose – lección del ejemplo sin palabras.

Pero no se sometió a las mezquinas exigencias de la fe religiosa ni de la sociedad.

Invectivó con autoridad indiscutible contra la infame lapidación de las pecadoras, sorprendidas en la ilusión de la carne, aleccionando la reparación del crimen con el amor; invistió contra las apariencias exteriores del ayuno y de la oración en alta voz, refiriéndose al interior del hombre de donde proceden, realmente, todas las acciones; y ante el representante imperial que succionaba la savia de la vida del pueblo, mantuvo dignidad y respeto, en el grave momento, comportándose como Rey, que era, glorificando, empero, al Padre…

***

No te olvides de Él.

Recuerda siempre a la humildad.

Evita, cuanto sea posible, el destaque, el coronamiento honroso, el aplauso vacío, la consideración transitoria…

Ni entusiasmo excesivo en el éxito, ni desencanto exagerado en el fracaso.

Los que se mofaron de El en el camino del Gólgota, lo habían homenajeado en las vísperas.

En triunfo o caída aparentes, busca a Jesús y habla sin palabras a su corazón de Conductor Vigilante.

Eligiendo la humildad para seguir contigo, no tendrás ojos para consagraciones ni apedreamientos, ya que ella te hablará tan solo del trabajo a realizar, del camino a recorrer, de las dificultades a traspasar, de las luchas íntimas a vencer, enseñándote a disculpar y a amar sin cansancio, porque la humildad en tu espíritu es señal positiva de la presencia de Jesús contigo, en la vía redentora.

Joanna de Ângelis

Medium Divaldo Franco
Extraído del libro “Dimensiones de la verdad”
Traducido por Juan A. Durante

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