Plantío

Nuestra vida es un eterno plantío; la conciencia, la labranza inmensa, donde las semillas son depositadas como todas nuestras acciones.

Debemos ordenar nuestros sentimientos todos los días, examinarlos, antes que ellos se tornen palabras y actos porque, como nada se pierde, todo crece y se agiganta delante de su propio creador y pasa a convivir con él.

Trabajemos escogiendo aquello que vamos a sembrar, principalmente cuando el plantío sea en la mente ajena.

La palabra es una simiente y la audición de los semejantes es el canal por donde lanzamos la que irá a fructificar y una gran parte de la responsabilidad es nuestra, por lo que depositamos en las tierras de nuestros compañeros.

Aprendamos, pues, a plantar con discernimiento, para recoger alegría. La justicia no falla; solamente da a quien merece y ofrece a quien necesita. Quien planta afabilidad recoge cortesía; quien planta gentileza recoge buenas maneras; quien planta afecto recoge entendimiento.

Todo en el universo tiende a unirse a su igual. No olvidéis, compañero, de cultivar el bien en todas las direcciones de la vida, sea una simple sonrisa a un triste, o librar la nación de una catástrofe.

No importa el tamaño de lo que hacéis, importa, esto sí, el modo por el cual lo hacéis y sentís en el corazón.

Jesús encontró de mucho más valor el denario colocado en el gazofilacio por la viuda que solamente tenía aquella moneda que estaba donando, que los ricos ofrecimientos de los hombres de riqueza.

La vida es un continuo plantío, del hogar al trabajo y de este a la sociedad. Por donde pasamos, dejamos nuestra marca de espíritu de bien o de alma ignorante.

Debemos escoger y escoger en las normas que el Evangelio nos enseña, y como sus primeros seguidores lo hicieron.

No hay donde nos escondamos de las reacciones de nuestras acciones, pues ellas dejan el magnetismo interconectado en la conciencia de quien las practica, como queda escrito en el éter cósmico lo que plasmamos dentro de nosotros.

Respondemos por lo que hacemos, pues lo que sale de nosotros vuelve a nuestra casa mental, a veces reforzado por compañías afines.

Plantad moderación, que recibiréis dulzura; plantad prudencia, que recibiréis modestia; plantad sobriedad, que recibiréis tolerancia.

Sed una criatura moderada, que la inteligencia mayor, por vías seguras, os dará una paz imperturbable en los caminos que el Señor os concedió para caminar.

Debéis planear, por todos los medios permitidos posibles, en la siembra del Bien con Jesús Cristo, para que Dios despierte en nosotros los talentos divinos en el centro de nuestra vida.

Comulguemos con la comunión mayor, que la paz crecerá en nuestros pasos.

Si la oportunidad os ofreció medios de ayudar, no dejéis para el otro día; hacedlo hoy mismo, ahora, porque esto es luz en las manos del trabajador, luz que no debe ser desperdiciada.

Observad la naturaleza, generosa y santa, y copiad sus gestos en la donación universal, vibrando solamente la acción de servir.

Vuestra boca es como una mano de luz, que puede sembrar las palabras en forma de simientes, por eso, analizad lo que vayáis a hablar a los otros, para que no vengáis a plantar la desarmonía, el odio, la venganza, los celos y la discordia.

Cuidad de vuestros oídos, en la secuencia de lo que oís, porque es permitido que escuchemos todo, pero, no siempre es correcto ser influenciados por lo que escuchamos. Y para que seamos maestros en la selección, necesario se hace que tengamos al Cristo vibrando en nuestro pecho e irradiándose en nuestro corazón, por la libre expresión de nuestros sentimientos.

El plantío es más o menos libre, pero la cosecha cae en la ley de la obligatoriedad del alma que sembró.

Por el espíritu Miramez

João Nunes Maia
Extraído del libro “Salud”
Traducido por R. Bertolinni

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