La reivindicación

Cap. X- Ítem 17

Hacía tiempo que Saturnino Peixoto aspiraba a que algún hombre público lo atendiera para beneficiarlo con la apertura de una calle. Para eso conversó, estudió, argumentó…

Arribó a la conclusión, finalmente, que la persona indicada sería el diputado Otaviano, recientemente electo, hombre a quien todos se referían con la mejor opinión, por lo atento y cariñoso que era al dedicarse a solucionar los problemas de la extensa región que representaba.

Luego de escuchar al escribano de la ciudad, Saturnino redactó una larga carta con una memoria donde minuciosamente justificaba la petición. Y se quedó en espera de la respuesta.

Transcurrieron días, semanas, meses. Nada.

Indignado, Saturnino comenzó a reprochar la conducta política del diputado que ni siquiera había respondido su carta.

Cada vez que pensaba en el tema criticaba al político con una censura mordaz, e involucraba a todos los hombres con desempeño público en una condena desagradable.

De nada servían las reflexiones de su compañera, Doña Estefanía, de convicción espírita, que le recomendaba perdonarlo y olvidarse.

Pasaron tres años, hasta que la solicitud caducó.

Obligado a desistir de la idea, Saturnino conservó sin embargo un profundo resentimiento hacia el legislador que concluía su mandato. Pero un día, mientras revolvía el contenido de una vieja estantería de su escritorio, encontró sorpresivamente entre libros y papeles relegados a las polillas, la memoria que había redactado al diputado, dentro del sobre con su dirección y la estampilla, cubierto de polvo.

Saturnino se había olvidado de enviar la carta…

Hilario Silva

Médium Francisco Cândido Xavier y Waldo Vieira
Extraído del libro “El Espíritu de la Verdad”
Traducción al castellano: Marta Haydee Gazzaniga

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.