Delincuentes

No los abomines. Delinquieron por falta de vigilancia o insania. Resbalaron y se demoran en el profundo foso de innominables sufrimientos.

Encarcelados, muchos de ellos darían la mitad de la existencia, si pudiesen, para recomenzar todo.

Revolcándose en el barro, diversos sorben hasta las últimas gotas, las lágrimas de fuego que juntaron en la copa del remordimiento.

Son pobres hombres y mujeres sufrientes, nuestros hermanos de la experiencia evolutiva, que transitan en la noche de la ansiedad interminable, que no alcanza la madrugada del reposo. Se dejaron enlazar por la serpiente de las disipaciones y se hicieron esclavos de tiranos destructores.

Abrazaron el juego, la sensualidad, los estupefacientes, la criminalidad, algunos por la ignorancia resultante del abandono social a que fueron relegados desde la cuna, otros para huir de sí mismos, otros más aún por fuerzas vengativas y allá quedaron en el laberinto de la locura, enajenados, insensibles, pero no todos…

Muchas mujeres que antes abjuraron a la maternidad se lamentan en angustia solitaria, de la incomparable desesperación del arrepentimiento. Todo darían, si algo tuviesen, para retener en los brazos de la juventud que huyó, el hijo que suponían no deseaban…

Innumerables representantes de abyecta animalidad, que se enlodazaron en el desgaste exhaustivo, se dejan consumir, devorados por el tardío despertar, queriendo olvidar…

Incontables réprobos dominados por las drogas entorpecientes prosiguen cadaverizados bajo el vértigo que surge del miedo y de la vergüenza de examinarse a sí mismo…

Criminales, víctimas de un momento insano, convirtieron el cerebro en lúgubre presidio y se demoran en la cárcel del cuerpo y del alma, recordando y sufriendo sin paz ni esperanza.

Viciosos de toda naturaleza, que comenzaron la carrera abominable desde el seno materno, vieron muchos otros posiblemente menos comprometidos con el ayer o poseedores de fuerza moral más resistente, luchando en los brazos de la disciplina hasta conseguir equilibrio, mientras ellos descansaban…

Delincuentes, ciertamente, todos nosotros lo somos…

***

Delincuente — o persona que delinquió.

“Delinquir — cometer delitos”.

Delante de la mujer sorprendida en adulterio, el Maestro tan solo pensó en ayudar, considerando que el delincuente conduce el fardo pesado del crimen, torturándole la conciencia, hoy o más tarde.

En vista de las miserias de que ellos se tornaron fámulos, analiza tu posición ante la vida.

No reclames a la suerte.

Examina tus débitos en comienzo y detente en los compromisos negativos.

La escalera que conduce a la caída moral no tiene último peldaño; siempre lleva hacia más abajo.

La unión con la irresponsabilidad o la ambición no se rompe fácilmente.

El primer engaño, cuando no es corregido, es una invitación a otro engaño.

El placer del escarnio al prójimo es opio mentiroso.

El delito planeado en la mente es crimen que se corporificará.

Sométete a los factores kármicos de tu renacimiento y conténtate con ellos.

Una vieja fábula narra, sin necesidad de comentarios, la historia de la rana que deseaba poseer el volumen del cuerpo de un bovino y que reventó al intentarlo.

Observa el pensamiento divino presente en todo y comprenderás la necesidad de ser feliz con lo que tienes, como estás, considerando a los que delinquieron; y ámalos, visitándolos en la cárcel, en el lecho de los sufrimientos reparadores, en las celdas correctivas del remordimiento, a donde puedes ir…

***

Sirviendo a los humildes y sufrientes de la Tierra, el Maestro siempre fue benigno y piadoso con los delincuentes, por comprender su desdicha, aun cuando aparentaban felicidad. Y su ministerio de amor se tornó mareante en los años juveniles al debatir con los doctores de la Ley, en Jerusalén; fue ligado a una cruz de punición a la delincuencia, entre dos salteadores que se habían dejado arrastrar por el hurto. Mientras tanto, a la hora de la muerte, su figura excelsa y pura entre ellos, los honraba, como si así desease decirnos, sin enunciados verbales, sobre la necesidad de usar nuestra piedad en relación a aquéllos que, imprudentes o enloquecidos, deliran con los crímenes del presente, amándolos, asimismo, sin ninguna indagación o aspereza.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “Dimensiones de la verdad”
Traducido por Juan A. Durante

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