El alma después de la muerte

Podemos resumir el proceso de desencarnación como la separación final del cuerpo espiritual y el cuerpo físico. No se produce de igual forma en todos los casos. En algunos el desprendimiento es bastante rápido y podemos decir que el momento de la muerte es también el de la liberación, que se da en unas pocas horas. En otros, por el contrario, el desprendimiento es mucho mas lento y a veces dura semanas y hasta meses. Cuando la persona tiene lazos con la materia muy fuertes, la cristalización de sus impulsos hace que se “crea” todavía unida a su cuerpo y a la vida material de nuestra dimensión.

André Luiz, nos informa detalladamente del proceso de desencarnación en el libro “Obreros de la vida eterna”. Según nos describe, en la mayoría de los casos necesitamos la asistencia de auxiliares espirituales, que, tras higienizar adecuadamente el ambiente y liberar al moribundo de las fuerzas de retención amorosa (que suelen emitir inconscientemente los familiares) comienzan las operaciones magnéticas necesarias.

Primeramente, insensibilizan enteramente el nervio vago, para facilitar el desligamiento de las vísceras. Continúan aislando todo el sistema nervioso simpático, a través de pases longitudinales, neutralizando, más tarde, las fibras inhibidoras del cerebro. Posteriormente, comienza el trabajo sobre las tres regiones orgánicas fundamentales, que se irán desligando paulatinamente:

1º El centro vegetativo, a través de pases transversales en el abdomen, que liberan fluido vital del plexo solar y dan lugar al estiramiento y enfriamiento de los miembros inferiores.

2º El centro emocional, realizando pases rotativos concentrados en el tórax y operando sobre el corazón, que pasa a funcionar como una bomba mecánica sin regulación. Se desprende entonces una porción de substancia ectoplásmica del epigastrio a la garganta. Todos los músculos trabajan fuertemente contra la partida del alma, oponiéndose a la liberación en un esfuerzo desesperado, ocasionando angustias y aflicción al paciente. Se produce entonces la pérdida del pulso y el paciente entra en coma.

3º El centro mental, como última etapa del proceso, concentrando el trabajo magnético en la fosa romboidal (pared anterior y el suelo del cuarto ventrículo cerebral). El paciente siente una conmoción indescriptible, que se asemeja a un choque eléctrico de grandes proporciones. Una llama brillante se desprende entonces de la región craneal, absorbiendo fluidos vitales, reagrupando y conformando el cuerpo espiritual.

El mismo autor, se refiere a este punto en el libro “Evolución en dos mundos” como: histogénesis espiritual. Es entonces cuando la conciencia superior pasa revista a toda la vida pasada, en una especie de vista panorámica con una rapidez vertiginosa. Todas las ideas emitidas, así como los actos que se han realizado, desfilan con una precisión absoluta. Para los encarnados, el paciente ha muerto por completo. Tan solo resta una última conexión, un leve cordón plateado, semejante a un sutil cable entre el cerebro del cuerpo físico y el cerebro del periespíritu. Podríamos describirlo como un hilo de fuerzas electrobiomagnéticas; una arteria fluídica que sustenta el flujo y reflujo de los principios vitales en readaptación, semejante al cordón umbilical de un recién nacido. Una vez retirada esta última vía de intercambio, el cadáver muestra señales, casi de inmediato, de avanzada descomposición. Por otra parte, el espíritu despierta a la vida espiritual y su situación será la consecuencia directa de sus tendencias, bien sean las inferiores hacia la materia, como las superiores hacia los bienes de la inteligencia y del sentimiento.

Para la entidad espiritual, la comprensión sobre su estado no es inmediata, ni la transición instantánea. Si el ojo humano no puede pasar bruscamente de la oscuridad a una intensa luz, igual le sucede al alma. La muerte nos hace entrar en un estado transitorio: el estado de turbación, que se prolonga más o menos, según las circunstancias y el estado de cada espíritu. No tiene nada de penosa para el hombre de bien. Es tranquila y semejante en todo a la que acompaña a un despertar apacible. En cambio, para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedad y de angustias, que aumentan a medida que va comprendiendo su situación. Al desencarnar, nadie cambia de repente y continuamos con las mismas tendencias buenas o malas…

Estamos aquí de paso, en la situación y lugar necesarios a nuestro aprendizaje evolutivo. Tratemos de aceptar nuestros dolores o sufrimientos con resignación, pues son aprendizajes y verdaderas bendiciones, contemplándolos desde la perspectiva espiritual. No hay castigos eternos, la Tierra es no es un valle tenebroso destinado a lamentables caídas, es un taller de trabajo redentor y siempre existe un camino de renovación para resarcirnos de nuestros errores, con amor.

Afrontemos el duelo de la perdida de nuestros seres queridos, comprendiendo que las despedidas son temporales, que todos nos volvemos a reencontrar en el plano espiritual. Ofrezcámosles oraciones sinceras, sentimientos de amor liberados, en todo lo posible, de tristeza o melancolía. Somos un espíritu eterno habitando temporalmente un cuerpo terreno. La muerte física no es el fin de la vida; es un simple cambio de capítulo en el libro de la evolución y del perfeccionamiento, una puerta de regreso a nuestra verdadera vida : la espiritual.

Escrito por Alfredo Alonso de la Fuente Centro Espírita Alborada Nueva de Torrejón de Ardoz

Revista FEE

1 comentario en “El alma después de la muerte”

  1. Lindo articulo, me gusto mucho el final. Estaba viendo un documental de Machu Pichu ( que dentro de poco voy a subir con mis hermanos) y la imagen de una momia trajo una idea instantánea a mi cabeza. La muerte es el nacimiento del espíritu, esa fue la imagen que tuve, así como cuando nacemos en la vida terrenal tenemos años de evolución tuve la sensación que quizás en la muerte el espíritu tiene un tiempo de “vida” para continuar hacia otro camino. Esa fue mi imagen instantánea, me gusto mucho y me gustó mas encontrar este artículo.

    Gracias

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