Los nuevos samaritanos

Cap. XV- Ítem 2

¿Quién no ha caído aún en los abismos del error? ¿Quién todavía no se vio forzado a levantarse después de muchas caídas?

Tañe las cuerdas del corazón y esparce la indulgencia, mediante el servicio a los compañeros que el azote de la prueba flagela y castiga.

Los hay por todas partes:

El enfermo recluido en el manicomio, que expira a medida que la luz declina en el crepúsculo de su existencia …

La muchacha accidentada cuyos ojos debilitados ya no vuelven a filtrar el azul del cielo…

El joven que ostenta salud que desborda de su cuerpo, mientras la irreflexión arrastra su alma hacia los antros del vicio…

La mujer que reúne al mismo tiempo la ternura de mil madres, cuando abraza a su pequeño hijo amado y enfermo que desfallece sin fuerzas para llorar…

El hombre de paso inseguro que se acuesta cansado sobre los paseos o bancos de la vía pública, que trata de conciliar el sueño sin sueños de la máxima desventura…

El agricultor, prisionero de viejos dolores, que hace varios meses no se cambia la vestimenta de la intensa lucha…

La dama elegante y hermosa cuyo corazón está repleto de equivocaciones, dentro de un pecho engalanado de joyas…

El ebrio de mirada sin brillo y labios blanquecinos, que se dirige hacia el sepulcro, tambaleándose por los sollozos de sus hijos librados a la ignorancia y la necesidad…

La anciana de piel marchita que todavía trata de coser los harapos de viejos sueños…

El infeliz sentenciado cuyo único consuelo consiste en escuchar el concierto de las aves sobre el tejado de la cárcel…

Porque edifican el bien sin alardes, en el sublime anonimato del amor fraterno, los espíritas pueden y deben ser los nuevos samaritanos, en la vida de hoy.

Aunque humildes e insignificantes, pero convencidos de que gozamos de la Eternidad, en la cual desde ahora podemos vivir felices, sigamos a Jesús, el Excelso Timonel, para acompañar la marcha gloriosa de esfuerzo y lucha en la que porfían incansablemente nuestros benefactores abnegados: los Espíritus Buenos.

Euripedes Barsanulfo

Médium Francisco Cândido Xavier y Waldo Vieira
Extraído del libro “El Espíritu de la Verdad”
Traducción al castellano: Marta Haydee Gazzaniga

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