Donaciones todos los días

Nosotros somos dinamos con consecuencias divinas, que generamos fuerzas de todos los matices, en la ampliación de la vida que Dios nos dio.

Al recibir la razón, pasamos a tener la independencia de pensar y de obrar en las direcciones donde nos compete trabajar y servir, aprender y ayudar. Es en esta labor que gravamos todos nuestros sentimientos en lo que atañe a usar la fuerza de las ideas.

Nuestros pensamientos son energía y llevan a los otros, lo que somos y, consecuentemente, lo que pretendemos ser.

La justicia nos enseña que toda la responsabilidad nos cabe a nosotros y que responderemos por ella, en cualquier campo de los sentimientos que alteramos.

El hombre en la actualidad precisa más de educación espiritual que de vestidos; de disciplina que de alimentos; de fe que de vida social; de amor que de oro. Cada criatura de Dios nació con el pecho estrellado de virtudes, talentos esos que duermen esperando el toque de su propio dueño para que broten del amor que nace en el corazón.

Las universidades del momento se olvidan o se hacen olvidadizas de tratar de la educación de los alumnos y, a veces, los hogares sufren de la misma enfermedad por abandonar la parte moral del alma, primera directriz del camino del espíritu.

Las religiones fueron las que primero se aventuraron a levantar ese estandarte donde florece la luz superior, no obstante, ellas mismas colocaron una traba a los conceptos evangélicos, disminuyendo su avance en el tiempo, sirviéndose de la fuerza del progreso, pero, la bondad de Dios no se hizo esperar y Jesús ordenó que la Buena Nueva fuese conocida en espíritu y verdad por todas las naciones de la Tierra. Y el florecer de esta grandeza se ostenta en varios países, garantizando así la mayor escuela de todos los tiempos: la de educar a los hijos de Dios, despertando un ambiente favorable para la instrucción verdadera.

La humanidad pasa por una crisis financiera sin precedentes en la historia, pero, la decadencia moral es mucho mayor en toda extensión de la vida en el planeta. La familia se desagrega, el egoísmo dominó el comercio, la política debilito a la religión y la sociedad está fascinada por el poder del oro.

El hombre, en esa aflicción, intenta comprar la salud por caminos ilusorios y se debate en las tinieblas como pájaro en el muérdago de la ignorancia. Ciertamente que estamos en el final de los tiempos, sin embargo, no es por eso que iremos a entregarnos al monstruo del orgullo y a la corrupción que llegó a la vanidad.

Jesús Cristo está buscando nuevos discípulos y ellos ya están ahí, en silencio, acertando puntos y estructurando medios para una gran avanzada donde la propia sociedad va a ser abalada, perfeccionando todas sus cualidades y despertando en su corazón una esperanza nueva en los días que se acercan.

Tendréis que ser hombres de donaciones todos los días; en primer lugar, debéis conoceros a vosotros mismos, porque para donar es necesario que se tenga lo que hay dar.

Vuestra salud es muy importante y ella depende de la armonía de la mente, en perfecta consonancia con el Universo. Nadie tiene paz si no conoce la verdad profunda, adquirida a través del amor. Las leyes de Dios deben ser obedecidas, porque son ellas que sustentan toda la creación, en el ritmo de luz bailando en el Cosmos de la vida infinita.

Procurad todos los días hacer algo que os pueda liberar. Vosotros sabéis el modo por el cual debéis obrar; el Bien es nuestro conocido desde cuando nuestros ojos se abrieron para la razón y todos nosotros conocemos los principios de la Verdad.

Procurad pensar mejor, que esos pensamientos os garantizaran la paz. Procurad hablar con decencia, ayudando a quien os escuche, que vuestra palabra os hará crecer en los caminos de la sabiduría.

Procurad vivir la fraternidad, que ella no os dejará huérfano del amor. Podéis llenar vuestro día de pequeñas donaciones y, al final del mismo, estaréis rodeado de una atmósfera de luz, capaz de alegraros por mucho tiempo.

Haced ese esfuerzo en los momentos que podáis, que con el tiempo veréis que vuestros cuerpos transmitirán para el físico un bienestar indecible y una serenidad que antes no conocíais.

Por el espíritu Miramez

João Nunes Maia
Extraído del libro “Salud”
Traducido por R. Bertolinni

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