Procede tu

Manos vacías de hechos y corazón lleno de congoja…

Manos que quedaron paralizadas por falta de acción en el pórtico de los deberes y corazón que se convirtió en receptáculo de disgustos.

Visión acostumbrada a paisajes tristes y pensamientos vencidos por el vocerío de las lamentaciones.

Parcela de la existencia transformada en urna de sombras donde se amparan los adversarios sutiles más vigorosos, prontos para la agresión indebida.

Oscurecido por dudas atroces no te atreves a avanzar, deteniendo los pasos en la aduana de las tentativas que no se concretan…

…Y esperabas mucho, dices, de la Doctrina Espirita, en cuyo seno buscaste abrigo.

Después de los primeros contactos, se apagaron las fulguraciones festivas que estimulaste, revigorizando los antiguos paneles mentales.

Constataste, casi alegre, aunque inconsciente, que los comensales del banquete espiritista eran hombres comunes, espíritus enfermos como tú mismo: tienen problemas, sufren, cometen errores…

Deseabas engañosa revelación apoyada a los postulados del mínimo esfuerzo. Y creías que los Espíritus, vistiendo los tejidos de la angelitud cultivaban la negligencia a los títulos de merecimiento y esfuerzo y te candidataste a triunfos íntimos sin la contribución del sacrificio y el cómputo de las probaciones.

Te dices, entonces, amargado, como si la linfa de la confianza se hubiese tornado en manantial de hiel a correr continuamente… Contemplas los obstáculos, detenido, hambriento y con asco, cual, si enfrentases entremeses exquisitos en descomposición, sobre una mesa dominada por humores pestilentes… Y te niegas a proseguir, permaneciendo, sin embargo, con las manos vacías…

***

Examina el antiguo sitio feliz, hoy abandonado.

Manantiales cantantes yacen dominados por cieno pútrido. Arboles vetustos vencidos por parásitos voraces.

Suelo gentil y fértil cubierto por la cizaña y espineros.

Flores coloridas ensombrecidas por arbustos perniciosos. Humedad amparando a reptiles ponzoñosos y ofidios venenosos que se multiplican rápidamente.

Pastos desolados y olor de muerte donde márgenes frescas bordeaban lagos tranquilos.

No esperes por la renovación ajena para iniciar tu propia renovación.

No solicites la presencia incesante de los Espíritus Puros en los lugares sombríos donde te acoges.

Realiza tu tarea como servidor que no dispone de tiempo para la inoperancia.

Desliga el carro de las facilidades y acciona el dínamo de los nobles propósitos para que produzcas acertadamente.

Los que se lamentan apenas se quejan.

Los que censuran tan solo flagelan.

Los que se demoran en el pesimismo vitalizan la deserción. Pero los que están construyendo la vida más perfecta actúan en el culto del bien con acierto y devoción.

***

Delante del donativo de la viuda pobre, Jesús reverenció, humilde, al renunciamiento, exaltando la dádiva mayor; considerando a las “vírgenes prudentes” consignó el impositivo de la vigilancia ante el imperativo de la confianza; exponiendo sobre el “haz de varas”, conclamó a la unión para el resultado de la fuerza positiva; y en toda la Buena Nueva prescribió el optimismo, cultivando la lucha, el trabajo, la obediencia, el respeto y la fraternidad en todo instante e incesantemente, en el más perfecto y noble culto de amor al Padre. Y deseando fijar en las mentes el rumbo seguro para todos los espíritus, respondió al sacerdote que inquiría sobre aquel que sería el prójimo, conforme se verifica en la parábola del buen samaritano: “Ve y haz lo mismo…” De la misma forma, produce tú y no reclames.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “Dimensiones de la verdad”
Traducido por Juan A. Durante

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