Oración a las estrellas

Las estrellas corresponden a nuestro afecto. Ellas son mundos donadores de luces en todas las direcciones y esa energía divina que viaja por el espacio infinito se agrega en los espíritus y en las cosas, transformándose de acuerdo con nuestras necesidades físicas y espirituales. Pero, al practicar la oración, el enriquecimiento de ese energismo es de sobremanera grandioso. Debéis saber que todo vive en la sensibilidad que Dios le dio, que todo siente la afabilidad que transmitimos, que todo se encuentra en perfecta sincronía, en la casa universal.

Nada resiste al amor. Si amáis una simple piedra, en la forma divina del termino amor, ella os responderá, en el silencio que es peculiar a su estado, en donaciones sutiles que a veces no percibís, pero que son valores inmortales. Así son las plantas, los animales y todas las cosas existentes: mundos, soles, espíritus y aquel a quien debemos toda reverencia.

Si queremos buscar la armonía orgánica y psíquica de todos nuestros cuerpos, la sintonía con las estrellas nos será un camino saludable. Debemos emitir pensamientos de humildad y de gratitud a las luces benefactoras y ellas descenderá a nosotros, por medios que aún desconocemos, atendiéndonos en nuestras necesidades, como manos de Dios ofreciéndonos salud y alegría, paz y amor.

Los espíritus encarnados y desencarnados deben agradecer al Padre Celestial ese don divino de pensar, esa facultad que trasciende a todas las ciencias terrenas y cuyo engranaje se esconde en los pliegues de los siglos incontables.

El pensamiento es una fuerza de Dios en las almas. Por él, podremos estar presentes en toda la creación con el empuje evolutivo de la mente, la energía mental es capaz de buscar todo el exterior oculto, revelándonos los secretos poco a poco, de acuerdo con nuestro avance espiritual.

Pensar es traer para nuestro lado los recursos de Dios, que se encuentran en el suplemento universal. Las ideas que transmitimos llevan consigo las imágenes de nuestros sentimientos, en las direcciones que deseamos.

¿Quién no siente alegría al contemplar un cielo estrellado? En él se dibuja la figura majestuosa del Creador y del poder sin límites de Su incomparable voluntad.

Las estrellas vibran permanentemente el amor que reciben del gran Foco Universal y, si procuramos entender este mensaje, será mantenedor de nuestro equilibrio y nos convertimos en amigos de esa fuente inagotable de amor.

Entremos en comunión con las estrellas por las puertas de las oraciones, iniciando nuestra conversación con ellas sin fanatismo, entendiendo que las estrellas no son simples luces adornando el firmamento, pero si mundos radiantes de luz y energía.

Hagamos esto y la vida mayor sabrá recompensar nuestros esfuerzos. La base mayor es la confianza. Dios es el donador, que está presente en todas las cosas, incluso en aquello que nada pensáis ser. Todo lo que existe está unido a Él y sin Él nada existirá.

Dijo Jesús: “En la casa de mi Padre, hay muchas moradas”.

Las moradas son incontables de todas las ordenes, de variados tamaños y edades, cargando humanidades, funcionando como escuelas y presidios, como hospitales y como ambiente de restablecimiento.

Podéis ayudar a muchas de esas casas con vuestra oración de amor, emitida con humildad. El cariño es una fuerza constructiva, que nunca encuentra barreras para ayudar.

Desconoce distancias y, por donde pasa, deja su trazo de entendimiento.

Todo lo que hagáis, si se hace con amor, os estará curando a vosotros mismos, o previniéndoos del asalto de todos los desequilibrios que por acaso puedan llegar a vuestras puertas.

La oración a las estrellas es una fuerza, en el refuerzo para vuestra paz de conciencia.

Por el espíritu Miramez
João Nunes Maia
Extraído del libro “Salud”
Traducido por R. Bertolinni

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