Los quinientos de Galilea

I Corintios, 15:6-7

Hay un importante episodio relativo a las materializaciones de Jesús, al cual no hacen referencia los evangelistas. Y recordado por el apóstol Pablo:

Después fue visto, una vez, por más de quinientos hermanos, de los cuales vive aún la mayor parte, mas algunos ya duermen.

Retirando la fantasía de que duermen los que murieron, es significativa la información de que “más de quinientos hermanos” tuvieron un encuentro con Jesús, el Galilea.

Curioso que un episodio de tal magnitud haya pasado de largo, proporcionando apenas la lacónica referencia de Pablo. ¿Cuál sería el motivo del Maestro? ¿Qué expuso a los discípulos? Aquí, amigo lector, sería oportuno llamar para la historiografía espirita.

Hay el Evangelio según el Espiritismo, en que Allan Kardec comenta la moral evangélica. Día vendrá en que tendremos un Evangelio según la Espiritualidad, un relato minucioso de acontecimientos importantes, a partir de informaciones escogidas de los archivos del más allá del túmulo, rellenando lagunas históricas.

Es lo que tenemos en el libro Buena Nueva, psicografiado por Francisco Cándido Xavier. En ese libro, el Espíritu Humberto de Campos demuestra que aquel encuentro en la Galilea fue extremamente importante. Habría ocurrido en el mismo sitio apacible que fue el escenario del inolvidable Sermón de la Montaña. Allí, juntamente con los apóstoles, estaban reunidos los discípulos que participarían del movimiento inicial del Cristianismo y que darían los grandes ejemplos de dedicación a la causa, a fin de que el Evangelio se asentase en la Tierra.

Humberto de Campos se reporta al discurso de Jesús a los compañeros presentes, ofreciéndonos un vasto material para reflexionar.

Algunos ejemplos:

¡Amados… he aquí que retomo la vida en mi Padre para regresar a la luz de mi Reino!… Envié a mis discípulos como ovejas en medio de lobos y os recomiendo que les sigáis los pasos en el escabroso camino. Después de ellos, es a vosotros que confío la tarea sublime de la redención por las verdades del Evangelio. Ellos serán los sembradores, vosotros seréis fermento divino. Instituíos los primeros trabajadores, los herederos de los bienes divinos.

Jesús sabia de las dificultades para fijar sus principios en el Mundo. La luz del Evangelio fatalmente incomodaría a multitudes enganchadas al inmediatismo terrestre, dominadas por vicios y ambiciones. Había el riesgo de perderse sus lecciones. De ahí la convocación de aquellos Espíritus indómitos, habitantes de las Esferas Superiores, que compusieron la primitiva comunidad, preparados por el Maestro para sustentar el ideal cristiano y sedimentarlo en el suelo precario de los males humanos.

…. Para entrar en la posesión del tesoro celestial, muchas veces experimentareis el martirio de la cruz y la hiel de la ingratitud…. En conflicto permanente con el mundo, estaréis en la Tierra, fuera de sus leyes implacables y egoístas, hasta que las bases de mi Reino de concordia y justicia se establezcan en el espíritu de las criaturas…

No sería fácil la tarea de apoyar las bases de la fraternidad humana en un mundo dominado por el egoísmo. Habría persecuciones y sufrimientos, como de hecho ha ocurrido.

Los discípulos deberían ser conscientes de eso, dispuestos a seguir los pasos de Jesús en las más duras pruebas, involucrando el sacrificio de la propia vida.

Siglos de lucha os esperan en la senda universal. Es necesario inmunizar el corazón contra todos los engaños de la vida transitoria, para la soberana grandeza de la vida inmortal. Vuestras sendas estarán repletas de fantasmas de aniquilamiento y de visión de muerte. El mundo entero se levantará contra vosotros, en obediencia a las fuerzas tenebrosas del mal, que aun domina sus fronteras.

Los componentes de aquel grupo de elite habrían de reencarnar innúmeras veces. Siempre unidos al Evangelio, enfrentarían persecuciones crueles, movidas por los Espíritus inquietos que dominaban los poderes del mundo. Estos no tendrían la complacencia, empeñados en apagar las celestes luces que se derramaban sobre la Tierra, unidas a las enseñanzas de Jesús. Pero, en el pasar de las batallas incruentas del corazón, cuando todos los horizontes estén tapados por las sombras de la crueldad, os daré de mi paz, que representa el agua viva. En la existencia o en la muerte del cuerpo, estaréis unidos a mi Reino.

El mundo os cubrirá de golpes terribles y destructores, pero, de cada uno de vuestras heridas, retiraré el trigo luminoso para los graneros infinitos de gracia, destinados al sustento de las más pobres criaturas. Cuando caigáis, bajo las arremetidas de los hombres aun pobres e infelices, yo os levantaré en el silencio del camino, con mis manos dedicadas a vuestro bien.

Las promesas de Jesús han sido rigurosamente cumplidas. Los discípulos sinceros, dispuestos a la vivencia cristiana, son amparados y sustentados en los más duros testimonios. Dificultades, luchas, persecuciones, fueron superados, a lo largo de los siglos, para que el Evangelio se estableciese de manera definitiva en la Tierra, marco de luces para la edificación del Reino de Dios.

Seréis la unión donde haya separabilidad, sacrifico donde exista falso gozo, claridad donde campeen las tinieblas, puerto amigo, edificado en la roca de la fe viva, donde planean las sombras de la desorientación. ¡Seréis mi refugio en las iglesias más extrañas de la Tierra, mis esperanzas entre las locuras humanas, mi verdad, donde se perturba la ciencia incompleta del mundo!…

Desde la llegada del Cristianismo, pontifican los verdaderos seguidores de Jesús, desinteresados de las disputas por los primeros lugares, empeñados simplemente en seguir al Maestro, atendiendo a sus llamamientos. Son ellos los héroes anónimos que sustentan la gloriosa antorcha del Evangelio.

Amados, he aquí que también os envío como ovejas a los caminos oscuros y ásperos. ¡Entretanto, nada temáis! ¡Sed fieles a mi corazón, como yo os soy fiel, y el buen ánimo representará vuestra estrella! ¡Id al mundo, donde tendremos que vencer al mal! ¡Perfeccionemos nuestra escuela milenaria, para que ahí sea interpretada y puesta en práctica la ley de amor de nuestro Padre, en obediencia feliz a su voluntad augusta!
Es la convocación final de Jesús, extensiva a todos los corazones sinceros, dispuestos a construir un mundo mejor, a partir de los esfuerzos en el campo del Bien y de la Verdad, edificando el Reino Divino en sus corazones, para que él se extienda sobre el mundo, bajo los auspicios del Evangelio.

***

Dice Humberto de Campos que en aquella noche fue confiado a los quinientos de Galilea el servicio glorioso de Evangelización de las colectividades terrestres. No es difícil identificarlos, a lo largo de los siglos, en las luchas cristianas. Son aquellos que pontifican en los valores de la rectitud moral, de la simplicidad, de la disposición de servir.
Somos en la Tierra dos mil millones de personas unidas a las varias corrientes del Cristianismo, envolviendo católicos, evangélicos, protestantes, espiritas…

Crece el número de cristianos, pero el Reino de Dios tardará en instalarse, porque es lenta, muy lenta, la multiplicación de corazones armonizados con los quinientos de Galilea. Y que los hombres ven en Jesús el protector que atiende, que socorre, que ayuda, que ampara…

Pocos ven al maestro que orienta, que corrige, que rectifica, que espera por nuestra unión a sus enseñanzas. Los templos están repletos de creyentes, pero pocos son los cristianos auténticos.

***

Vivimos tiempos de desinterés por los valores espirituales, en que la preocupación fundamental de las personas es con el inmediatismo terrestre, envolviendo negocios, placeres, sexo, vicios, dinero… Los que intentan seguir los pasos de Jesús tienden a ser marcados de fanáticos e ingenuos. Incluso de entre los que se disponen a frecuentar los círculos religiosos, la preocupación mayor es con aspectos del culto exterior, sin el cuidado esencial: hacer al Cristo reflejarse en lo cotidiano.

El otro día los medios dio un gran destaque a un hombre que, encontrando una importante cantidad perdida en un tren, se empeñó en devolver el dinero a su legítimo dueño.

¡Increíble! En un país como el nuestro, de población unida al Cristianismo, en variados círculos religiosos, tanto barullo por un mero ejercicio de honestidad, ¡elemental en la vivencia cristiana! Eso porque la mayoría simplemente se quedaría con el dinero, proclamando que “lo encontrado no es robado”.

Decía Bertolt Brecht:

Infeliz el pueblo que precisa de héroes.

En este contexto, héroe sería el individuo empeñado en combatir una estructura social injusta, honrosa excepción en el seno de un pueblo acomodado.

Parafraseando al dramaturgo alemán, diríamos: infeliz la sociedad en que el cumplimiento de elementales deberes, como el de devolver bienes que alguien perdió, es elogiado como una virtud extraña.

Fundamental, si esperamos alcanzar las esferas más altas, que nos unamos a los quinientos de Galilea, dispuestos a “arremangar las mangas” para los esfuerzos del Bien, y a “agitar las neuronas”, en el empeño de renovación.

No nos pide el Espiritismo que muramos por el Cristo, sino que vivamos como espiritas cristianos, conscientes de nuestras responsabilidades y deberes delante del prójimo. Solamente así dejaremos el “marca-paso”, evolutivo, que caracteriza al hombre común, habilitándonos a caminar al encuentro de Dios, meta suprema de nuestras almas.
Richard Simonetti
Extraído del libro “Antes que el gallo cante”
Traducido por R. Bertolinni

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