El sol naciente

El sol emite energía que dirige vida para todos los planetas y los mantiene, como el padre cargando a los hijos en los brazos y la madre amamantándolos en el seno fecundo e inagotables del amor.

Hasta hoy la ciencia de los hombres ignora muchos fenómenos unidos a la presencia del astro-rey. El sol se hizo por la voluntad divina y está siendo mantenido por altas inteligencias, que le suministran de luz de periodos a periodos, en la secuencia de los comportamientos estelares. Si el sol es donador de vida en todas las direcciones, ciertamente que es vida en todas las circunstancias.

Los rayos solares son portadores de energías pulsantes que se manifiestan en las casas terrenas, de acuerdo con el sistema organizado y con la evolución de cada planeta. Llega hasta los hombres respetando las mismas leyes, sustenta a los animales respetando la misma evolución. Cada criatura absorbe la esencia solar en la medida que su alcance espiritual demande. He ahí que se realiza la gran ley que se llama justicia.

El hombre iniciado en la ciencia universal por las escuelas del tiempo, por el libro de la naturaleza y por la fuerza de la voluntad, conserva una afinidad con el sol y recibe, a través de sus rayos, lo que desea y precisa para la manutención de su propio equilibrio. Quien sabe donar recibe de vuelta, por el sol, inconmensurables recursos en todos los momentos que necesite de ellos.

El microcosmo tiene el mismo retrato que el macrocosmo. Esta es, pues, una verdad. Si podéis comprender, si ya tenéis una noción de lo que es un átomo, con su cortejo electrónico, él es el retrato del sol con su cortejo de planetas y las leyes son las mismas que rigen las dos expresiones de la vida.

El microcosmo, así como el macrocosmo, os ayuda a vivir, manifiesta interés en ayudaros, dependiendo de vosotros, en el entrelazamiento de intercambios energéticos. Es donde el amor no tiene sustitución. Él es el elemento capaz de hacer circular las bendiciones de la vida, del equilibrio y de la paz que se llama también Salud. Donde el grande no puede realizar algo es llamado el pequeño para servir y viceversa.

Mientras desprecies esa fuente de vida viviréis tristes, sin inspiración para la felicidad y sin dirección para vuestros pies.

Amad al sol, que él devolverá ese amor en la multiplicación que las leyes os garantizan y esas leyes son aquellas mismas que trabajan cuando plantáis una semilla y la naturaleza os ofrece millares y, a veces, millones de las mismas, renovadas en sus estructuras.

Es dando que recibimos, ya lo fue dicho. No olvidéis, amigo lector, de exponeros a los rayos solares por la mañana, para que puedan vestiros de luz y, en la luz, os donen aquello de que seáis carentes. No es solamente la vitamina D que la luz proporciona, sino también otros elementos que necesitáis y que solamente el futuro os podrá revelar.

Un ejercicio de respiración delante del sol naciente os enriquece por dentro de factores indispensables a vuestra salud. El agua que debéis tomar, cambiada de vaso a vaso en presencia de la luz del sol por la mañana, queda energizada, cabiendo a los elementos del agua absorber elementos de la luz. Ese magnetismo solar planifica y ordena la armonía en los meridianos de vuestros cuerpos, garantizando el bienestar y el entusiasmo del día. Todo se encadena en la fraternidad universal. Todo se amolda y fructifica, cuando hay amor en el corazón.

El sol naciente nos hace recordar el “hágase la luz”. Es un ojo de Dios que no nos pierde.

Es un molde de esperanza que nos concita a la vida y a vivir.

Comenzad a agradecer al sol que os calienta, tened gratitud a esa bendición que el Padre Celestial os da, que luego veréis cuanto vuestra vida se llenará de luz.

Nosotros, aquí en el mundo espiritual, precisamos del sol tanto como vosotros. El sol, para nosotros, por el momento es insustituible.

Pedid hoy a Dios para que pueda nacer un sol en vuestro corazón y que ese sol sea de puro Amor.

Por el espíritu Miramez

João Nunes Maia
Extraído del libro “Salud”
Traducido por R. Bertolinni

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