Carnaval

La palabra Carnaval, según algunos lingüistas, es compuesta de la primera silaba del viejo proverbio latino: Carne nada vale (Carnis levale), también interpretado como “Fiesta del adiós a la carne”.

Equivale decir que se debe aprovechar la vivencia carnal para disfrutar hasta el agotamiento de los placeres sensuales proporcionados por los festejos.

Su origen se pierde en los tiempos, inicialmente entre los egipcios, en fiesta de homenaje a Isis, más tarde entre los judíos, los griegos, los romanos (las saturnales) hasta cuando la Iglesia lo aceptó…

Posteriormente, pasó a tener aspectos más amplios y París se encargó de divulgarlo al mundo. En la actualidad, Brasil es el gran campeón del Carnaval y, según el Guinnes Book, Rio de Janeiro, es el mayor del planeta, con dos millones doscientos mil participantes, seguido por el Salvador, Recife, Olinda…

Es la gran bacanal en que todo es válido, desde que proporcione placer. A medida que los valores éticos fueron perdiendo la fuerza del equilibrio y de la razón, se tornó la grandiosa exposición de erotismo y de vulgaridad, a perjuicio de la sensatez y de la dignidad.

Realmente, no es el Carnaval el responsable de los descalabros que la gran parte de la sociedad se permite, pero, si, la oportunidad para desvelarse, cada cual, de la persona que se oculta en su ser profundo.

Con el objetivo de ser una catarsis de muchos conflictos, momento de liberarse de la melancolía, de distraerse, de sonreír y bailar, casi en una peculiar manera de terapia del júbilo, los instintos primeros asumen el comando del individuo, haciéndolo liberarse de las pasiones inferiores, por intermedio del exhibicionismo y del total abuso sexual. Al mismo tiempo, a fin de contrabalancear los limites orgánicos, las bebidas alcohólicas, las drogas de estímulo con graves consecuencias, las relaciones apasionados y peligrosos, la violencia que se libera por los trastornos de la personalidad.

Considerándose la falsa finalidad del Carnaval, la fiesta en si misma proporciona alegría, liberación de pequeños traumas, divierte, siempre y cuando sea vivida con equilibrio y moderación.

Transformada, pues, en elementos de sensualidad y de exorbitancia del placer, produce más daños que satisfacciones, dado que, luego pasa, pero los hábitos y abusos morales permanecen, transformando la existencia en un carnaval sin sentido, más animalizando a sus adeptos.

En esa expansión de promiscuidad que muchos se permiten, el contagio de enfermedad infecto-contagiosas, de trastornos emocionales y sueños que se tornan pesadillas son los frutos amargos de la gran ilusión.

Si deseas alegrarte y participar de los desfiles alegóricos, ricos de belleza y de desnudez erótica, procura mantener el equilibrio, acordándote, pues, de que eres inmortal.

Artigo publicado no jornal A Tarde, coluna Opinião, em 23-02-2017. Achou interessante? Passe um e-mail ou ligue para os nºs abaixo e comente, isso é muito importante para a permanência da coluna no referido jornal. Central Telefônica: (71) 3340 – 8500 – Redação: (71) 3340 – 8800 E-mail – opiniao@grupoatarde.com.br WhatsApp: 99601-0020

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