Jesús y tú

Cap. VI – Ítem 6

Nuestro Maestro no recurrió a condiciones excepcionales en el mundo, para exaltar la luz de la verdad y la bendición del amor. Por ese motivo no aguardes renovación exterior en la vida diaria para ayudar. Comienza de inmediato tu sublimación personal.

Jesús no tenía una piedra donde recostar su cabeza. Si está a tu disposición un mínimo recurso ya posees más que Él.

Jesús, en su época, no disfrutó de ninguna distinción social. Si tú conseguiste algún estudio o título, estás en una situación privilegiada.

Jesús esperó hasta los treinta años para servir con mayor efectividad. Si tú eres joven y puedes ser útil, disfrutas de una magnífica oportunidad.

Jesús partió a los treinta y tres años. Si tú vives la edad madura y dispones de la ocasión para auxiliar, agradece a lo Alto, porque puedes ofrecer más de ti mismo.

Jesús no contó con sus familiares en las tareas que se propuso. Si tú convives en paz dentro del recinto doméstico y recibes alguna cooperación en bien de los otros, bendice siempre esa dádiva inestimable.

Jesús no encontró quien lo amparase en la hora difícil. Si tú absorbes el apoyo de alguien en los momentos críticos, sabe ser agradecido.

Jesús no pudo escribir. Si tú consigues redactar pensamientos para la expansión del bien, colabora sin tardanza en la felicidad de todos.

Vemos, pues, que la vida real nace y evoluciona en el espíritu eterno, sin depender de las apariencias para proyectarse en el rumbo de la Perfección.

Jesús va adelante de nosotros. Si aspiras al éxito no tienes más que seguirlo.

Sigámoslo, entonces.

André Luiz

Médium Francisco Cândido Xavier y Waldo Vieira
Extraído del libro “El Espíritu de la Verdad”
Traducción al castellano: Marta Haydee Gazzaniga

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