Carnaval

Las ciudades muchas veces en época del carnaval, se engalanan con trajes de luces, ajenas a todo lo que vibra a su alrededor. Multitud de desencarnados se entremezclan con la masa humana excitada en los sentidos físicos, las calles y plazas están fantásticamente iluminadas, pero esas luces no observan la psicoesfera cargada de vibraciones de bajo tenor.

Una significativa y enorme franja de la humanidad terrenal transita entre los límites del instinto y el comienzo de la razón, más sedientos de sensaciones que ansiosos por las emociones superiores. Es natural que en los días de carnaval, se permitan excesos que reprimen durante el año, sintonizados con Entidades que les son afines. Es lamentable, no obstante, que muchos se muestren en los días cotidianos, como discípulos de Jesús y en estos días de carnaval prefieran a Baco y a sus asesores de orgías, que al Amigo Afectuoso…

Los grupos enmascarados son seguidos muchas veces por frenéticas masas de seres espirituales voluptuosos, que se entregan a desmanes y orgías lamentables, inconcebibles desde el punto de vista terrenal. Verdugos que sin disimular sus intenciones, buscan a las victimas potenciales para debilitar su equilibrio e iniciarlos en infortunados procesos de largas obsesiones.

Muchos de los que se disfrazan reciben inspiración para sus apariencias grotescas, en las visitas realizadas a las regiones del Más Allá, en las cuales encontraron amplia replica de las deformidades y las fantasías de horror que padecían sus habitantes, en castigo redentor, al que se arrojaban espontáneamente. Las incursiones a los sitios de locura y desesperación son muy comunes en los hombres que se unen a los que allí residen, a través de los hilos invisibles del pensamiento, por las preferencias que reciben y los placeres que logran en el mundo íntimo. Una vez fijados como patrones mentales, resurgen en la conciencia y son reproducidos por aquellos que están acostumbrados, reconstruyendo en la extravagancia del placer exacerbado, el paisaje espiritual de donde proceden y al cual se vinculan.

Los orígenes del carnaval pueden ser encontrados en las orgías de la antigua Grecia, cuando era homenajeado el Dios Dionisio. Anteriormente, los Tracios se entregaban a placeres colectivos, como casi todos los pueblos antiguos. Más tarde, se presentaban estas fiestas en Roma. En la Edad Media, se aceptaba con mucha naturalidad, lo siguiente: “Es lícito enloquecer una vez al año”, convirtiéndose en los tiempos modernos, en tres o más días de locura, bajo la antigua designación del culto al Momo, en homenaje al rey alegría.

Algunos estudiosos de la psiquis humana, dicen que hay que descargar las tensiones y alejar las ideas penosas, en esos días en que la “carne nada vale”, un día el carnaval desaparecerá de la tierra, precisamente cuando la alegría pura y la jovialidad, la satisfacción y el júbilo real sustituyan a las pasiones del placer violento y el hombre haya despertado a la belleza, al arte, sin agresión ni promiscuidad.

No todos los que desfilan en el carro del placer se encuentran festejando, la mayoría de ellos tienen la mente subyugada por problemas de los cuales intentan huir, y utilizan el camino falso que conduce a la locura; son muchos los que se suicidan intencionadamente pensando escapar de las frustraciones que losa atormentan en el largo sendero: son muchos también los que ansían alianzas de felicidad que los momentos de sueño parecen prometer, para despertar luego, cansados y desilusionados. Son muy pocos los que se divierten sanamente.

El carnaval es una convocatoria poderosa, pues se dirige a la extenuación de todas las reservas de dignidad y respeto en el fuego de la pasión de los vicios y la embriaguez de los sentidos. El hombre, saturado por el sufrimiento y cansado de las experiencias tristes, se perfeccionará al influjo del propio dolor y deseoso de disfrutar el amor que ha de calmarle las intimas inspiraciones del alma.

Siempre es tiempo de recomenzar y de actuar, empezar a dejarse llevar por la música sencilla, pero profunda de los cantores del bien, melodías de esperanza y ritmos de paz con el Amor implantado en la tierra de los corazones, pues la luz siempre triunfa y el soberano bien todo lo conquista…

Siempre lluvia de efluvios vespertinos, bajan a las almas ensombrecidas, para rescatarlas de los pozos de sombra, donde cayeron por descuido y desequilibrio en el valle de las pasiones poco dignas.

¡Ninguna oveja del Señor se perderá! Dejémonos rescatar por la llamada silenciosa, que aflora a nuestro mundo interior, una vez que la escuchamos y nos sentimos atraídos empezamos a caminar por amplios caminos de construcciones edificantes que nos sacaran del bullicio de la pasión y de la locura, donde nos debatimos pesarosos y desequilibrados.

Espíritu. Manuel Filomeno de Miranda.

Extraído del libro “En las fronteras de la Locura”
Divaldo Pereira Franco
Trabajo realizado por Merchita

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