Oración

1- ¿Dios está siempre presente?

Es lo que enseñan las religiones.

2- ¿Si Él todo lo sabe y todo lo ve, para que orar?

La oración no tiene el objeto de llamar la atención a Dios para nosotros. Oración para acercarnos a Él.

3- De cualquier forma, ese esfuerzo parece inútil. ¿Las bendiciones de Dios no se extienden por todo el Universo?

Si permaneces dentro de una piscina morirás de sed, aunque estés rodeado de agua, si no abres la boca. La oración es más o menos eso: un “abrir de boca”, espiritualmente hablando, para que recibamos las bendiciones de Dios.

4- ¿Puede hacerse pedidos a Dios?

Claro. ¿Qué hijo está impedido de pedir algo al padre? Pero ten cuidado. Las personas quedan decepcionadas, dado que acostumbran a pedir lo que no pueden recibir o esperar soluciones para problemas que dependen de ellas.

5- ¿Podrías explicarlo mejor?

Si pierdes una pierna en un accidente, te quedarás muy frustrado si pides a Dios que te haga nacer otra. Por otro lado, si estás desempleado la oración no te llevará el empleo a tu casa. Sera más conveniente salir a buscarlo.

6- ¿Qué debemos pedir?

Según enseña una vieja oración, debemos pedir fuerzas para soportar lo que no puede ser cambiado (vivir sin una pierna); disposición para cambiar lo que debe ser cambiado (superar el desempleo), y discernimiento para distinguir entre las dos situaciones.

7- ¿Cómo debemos orar?

Esa misma pregunta fue hecha por los discípulos de Jesús. Él respondió con el Padre Nuestro. Entretanto es necesario considerar que no se trata de una formula verbal, cuya eficiencia este subordinado a la repetición. Jesús apenas indica los sentimientos que debemos movilizar en la oración.

8- ¿Oración seria, entonces, sentimiento?

Sin duda, los mejores sentimientos. Cuando, por ejemplo, Jesús dice: “Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, significa que nadie conseguirá una autentica comunión con el Cielo si conserva rencores en su corazón. ¿Como pedir bendiciones al Padre, guardando rabia de sus hijos?

Richard Simonetti
Extraído del libro “Não pise na bola” (No metas la pata)
Traducido por R. Bertolinni.

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