Página del camino

Cap. X – Ítem 5

No aguardes al amigo perfecto para las obras de bien.

Esperabas ansiosamente a ese hermano en el umbral del hogar, y el matrimonio te trajo a alguien que te exige sacrificio y ternura.

Contabas con tu hijo, pero tu hijo alcanzó la juventud sin prestar atención a tus expectativas.

Te apoyabas en el compañero ideal y de un momento para otro recogiste una mezcla con sabor agrio en el ánfora de la amistad, donde antes sorbías agua pura.

Mantenías fe en el orientador que te merecía veneración y, un día, incluso él desapareció de tu vista arrebatado por terribles equivocaciones.

No obstante, aun con el dolor de la pérdida, prosigue el trabajo edificante que viniste a realizar…

Nadie recrimina al enfermo porque sufra malhumorado.

Nadie censura al árbol que dejó de dar frutos porque el leñador le cortó los brazos frondosos.

Casi siempre, aquellos a los que adoptamos como los afectos más tiernos, convencidos de abrazarlos como soportes de la lucha, simbolizan tareas que demandan renuncia y apostolados que requieren amor.

No importa el hielo de la indiferencia ni el bramido de la incomprensión, si lo que nos proponemos es servir.

El corazón más bello que latió entre los hombres respiraba entre la multitud y permanecía a solas. Poseía legiones de Espíritus angelicales y aprovechó la colaboración de amigos frágiles que lo abandonaron en el momento culminante. Ayudaba a todos y lloró sin ninguno. Pero cuando cargó la cruz en el monte escabroso, nos enseñó que las alas de la inmortalidad pueden ser extraídas del fardo de la aflicción, como también que en el territorio moral del bien ningún alma camina en soledad, porque vive confiada en la presencia de Dios.

Albino Teixeira

Médium Francisco Cândido Xavier y Waldo Vieira
Extraído del libro “El Espíritu de la Verdad”
Traducción al castellano: Marta Haydee Gazzaniga

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