El abismo

Ellos se fueron y me sentí aliviado de estar solo. Invité a mis nuevos amigos y aprovechamos el departamento para hacer una fiesta en la que me bauticé en la jeringa. Nos sentamos todos en círculo. Con una única jeringa cada uno se inyectó en las venas un poco del líquido blanquecino, al que yo ya no le temía. Me había vuelto una persona indiferente y vacía de sentimientos. Sólo me importaba el momento presente.

El día después de la fiesta desperté con mucho frio, temblando, me sentía débil. Me levanté, comí algo, pero el temblor persistía. Tomé un poco de whisky sintiéndome mejor enseguida. Mi organismo estaba debilitado. Me alimentaba mal y pasaba muy malas noches.

Durante el mes que mis padres estuvieron fuera le tomé el gusto a lo que consideraba ser la libertad. Participé de innumerables reuniones que tenían como única finalidad el consumo de drogas, pues a todos les faltaba orientación, amor, paciencia y conciencia.

Me convertí en un joven totalmente alienado, viviendo el máximo de sensaciones en el menor espacio de tiempo posible. Por medio de las drogas forjaba artificialmente emociones, cultivando una relación enfermiza con los jóvenes que estaban en mí mismo rumbo.

Mis brazos tenían algunas manchas rojas debido a innúmeros pinchazos mal hechos, pues muchas veces yo me inyectaba el líquido sólo en la piel. Para disimular, empecé a hacerme las aplicaciones en las piernas, también porque las manchas rojas atestiguaban impericia de novatos y eran motivo de burla.

Las conversaciones entre nosotros los del grupo eran de lo más disparatadas. La mayoría de veces ni siquiera había diálogo entre nosotros. Proferíamos palabras sin nexo, fuera de cualquier contexto.

Mis temblores se acentuaban cada mañana y el whisky me ayudaba sólo el tiempo hasta el próximo pinchazo.

El dinero se había acabado y la comida también. Entonces comencé a vender algunos objetos de mi cuarto a individuos que se aprovechan del estado miserable en que están los que necesitan drogas.

Hacía sólo un año que había comenzado a fumar y 20 días que me inyectaba. Sin embargo, todos los días necesitaba desesperadamente un poco de droga para conseguir «contenerme».

Continuará…

Espíritu André K
Médium Gorete Newton
Extraído del libro “Diario de un drogadicto”
Traducción del portugués por: Edite Marti

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