Vigilancia

jose-martins-peralva“Ceñidos estén vuestros cuerpos y encendidas las candelas.”

Las condiciones en que despertaremos, en la espiritualidad, luego de la muerte corporal, depende, efectiva e inocultablemente, de nuestro estado evolutivo. Del rumbo que hubiéramos impreso a nuestros pasos. Del esfuerzo Evangélico emprendido. De la manera en que hayamos sabido emplear el tiempo. El Espiritismo teje, sobre este asunto, oportunas y valiosas consideraciones, aclarando así, el pensamiento del Maestro.

La situación del hombre, luego de la desencarnación, suscita el interés para los primeros instantes de la vida en la esfera subjetiva. En sí mismo el despertar, como fenómeno asombroso, es extraño, y sorprendentemente inesperado. La recuperación gradual de la memoria, en el periespíritu, con el consecuente recuerdo de sucesos que podrán darnos paz o desasosiego. El reencuentro con amigos y adversarios, en planos determinados por nuestro peso específico.

La respuesta de la Ley a nuestra permanencia en la fraternidad o a nuestra insensatez ante la grandeza de la vida, mediante indefinibles júbilos o insoportables tormentos. El conocimiento espontáneo o compulsorio, según las circunstancias y necesidades educativas, señalando, desde otras existencias, en los cuadros de la memoria supranormal, reminiscencias suaves y dulces, o dolorosas y amargas.

El nivel, la naturaleza, la duración de nuestras retrospecciones mentales. Todo esto, expresando la realidad inmanente, ha de condicionarse a los propios valores morales y espirituales de quien parte con rumbo a la Eternidad…

Resultará de la siembra que hayamos hecho, puesto que cosecharemos lo que sembramos. Representará la indefectible reacción de la Ley a nuestras actitudes, palabras y pensamientos en la vida terrena, en donde, desde hace cerca de dos mil años, venimos caminando bajo la Luz del Evangelio de Redención. Todo eso, repetimos, dependerá de la mayor o menor firmeza con que nos hubiéramos conducido en el mundo. La palabra de orden, por lo tanto, en cuanto estamos en el Plano Físico, debe ser: Atención, atención, atención…

Evidentemente el Maestro no pide santificación del día para la noche. Ninguno se acuesta pecador, para amanecer angelizado. Pero le es posible al hombre, acostarse vacío de ideas ennoblecedoras, esclavo del prejuicio y de la inseguridad, descreído y amorfo, y levantarse en la mañana siguiente renovado y feliz, deseoso de cambiar el sucio vestuario de la indolencia y de la irresponsabilidad, por la túnica sencilla, pero bien cuidada, del servidor esmerado. Ciertamente la santificación exige mucho, mas la buena voluntad, ayuda bastante. Existe un refrán harto conocido que repite, “La Noches es buena consejera.” Con todo, aquellos que lo divulgan ignoran, en su mayoría, la sustancia, la esencia del decir popular.

El Espiritismo hace la Luz sobre el asunto. Explica que, al dormirnos, nuestro espíritu parcialmente liberado, se reúne en ciertas ocasiones, con entidades amigas y generosas que le transmiten sabios consejos, preciosas advertencias, sugestiones benevolentes que nos hacen despertar más felices y esperanzados, más lúcidos e inspirados para la solución de los problemas de la vida.. En el juego de las apariencias en que se complacen los hombres, de hecho la noche es “buena consejera.” En la realidad, no obstante, excelentes compañeros, (cariñosos instructores espirituales), son los que nos esperan durante el reposo físico, para trazar valiosas directrices que posibiliten la ponderación de las complejas cuestiones que modulan nuestra experiencia evolutiva. Urge pues que ejerzamos la vigilancia.

Preservemos la salud del cuerpo y la Armonía del Espíritu. Santifiquemos nuestros ojos frente al mal. Eduquemos el oído. Controlemos la lengua. Imprimamos dirección evangélica a nuestros pasos. Evitemos el rencor, pues es monstruo que se proyecta más allá de la vida física. Absorbamos, en fin, el perfume que exhalan las eternas lecciones que el Divino Amigo nos legó, ciñendo nuestros cuerpos y encendiendo nuestras candelas.

Mientras nos encontramos en el mundo, nos es posible reflexionar con seguridad y actuar con relativo equilibrio. Entre tanto, luego del desenlace corporal, cuando se patentizan y evidencian los tumores espirituales y los desajustes psíquicos, el problema de la seguridad y del equilibrio se torna más difícil. Sin el refugio del vaso físico, que lo preserva de la acechanza de las sombras, el alma que no se movilizó en el bien, se repondrán obligada a una mayor dificultad. La hora de la gran transición es imprevisible. De este modo nos compete, permanecer atentos, manteniendo identificación con el Reino de Dios y Su Justicia, con el fin de que la partida y la llegada, no sean sucesos dolorosos.

Especialmente la llegada. Vivir en el bien, aprendiendo y sirviendo, amando y perdonando, para que el “adormecer” sea suave y el “despertar” sublime. Ciñámonos pues, con la túnica de la benevolencia y el perdón incondicional, para que la candela de la fe y del conocimiento superior, ilumine nuestros pasos, más allá de la muerte, asegurándonos la alegría que no se extingue. Y la felicidad que no se acaba…

Martins Peralva
Extraído del libro «Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.