La trampa

Los días se sucedían.

Al despertar yo comía cualquier cosa que encontraba en la cocina, y me iba para el colegio sin saber bien lo que iría a hacer allí. Casi siempre llegaba tarde y no participaba en nada.
Debido a mi mal comportamiento me llevaron a la psicóloga del colegio quien entró en contacto con mis padres. Ellos se enfadaron aún más conmigo. ¿Cómo explicar el vacío que había en mi alma, el desaliento de mis pensamientos?

Cierto día me acordé del compañero de pelo pintado que vivía aislado en el colegio y que tal vez tuviese problemas semejantes a los míos. Recordé que había dicho que conocía la felicidad, cosa que yo hasta entonces desconocía. Lo busqué en el colegio y lo abordé:

– Hola, Weber, ¿cómo estás?

– Voy bien, chico. ¿Y tú?

– Yo estoy muy mal. ¡Mi vida es una porquería!

– Pero claro que la vida es una porquería. La gente aquí nace para estar esperando la muerte. Esto no tiene sentido. Es ridículo. Sólo tienen algunas emociones buenas, el resto es problema. La humanidad no vale nada, no entiendo para qué esa broma biológica de nacer y morir. Por eso yo vivo la hora, el momento, y no pierdo tiempo con el engranaje. Poco me importa lo que piensen esas criaturitas ridículas, esos fantoches de la sociedad. ¡Yo soy yo y el resto que se joda!

– Pues eso es, creo que yo también pienso así. Todavía no entendí esa cosa de la vida, padre, madre, escuela, personas, verdaderos robots que cada día hacen todo igual para satisfacer no sé a quién o a qué. ¡Estoy harto! Lo que quisiera es desaparecer.

– Lo que tú tienes que hacer es dejar de ser tonto, encuadrado y ajustado en el molde de otros muñecos.

– ¿Pero cómo, si no hay remedio?

– Yo vengo al colegio sólo para no perder el derecho de conseguir algunas cosas, pero mi verdadera vida está en otra parte. Tengo mis amigos que son amigos de verdad. ¡Ellos me acompañan en todo y disfrutan conmigo o paz, la onda de escapar de esta porquería de mundo vivir un poco el brillo de la vida!

– Pero, Weber, ¿estás hablando de drogas?

– No, de lo que estoy hablando es de maravillas. ¡Droga es esa porquería de vida!

– Pero la droga hace daño, destruye y acaba con nosotros.

Oye tú, ¡estoy hablando contigo! Mírame. ¿Acaso parezco muerto? Estoy lleno de salud. Eso de que hace daño es cuento de los «mandamás». Es porque ellos no reciben el impuesto de los que venden los cigarrillos y el polvo… Por eso hacen esa propaganda contraria. ¿Por qué no combaten el alcoholismo y el tabaco? Tienen muchos cigarrillos de marcas famosas por ahí en el mercado para quien los quiera.

– Esos tipos son unos asquerosos. ¿Y tú piensas que ellos no ganan pasta? ¡Ganan, hombre! ¿Cómo crees que el «polvo» y la «marihuana» entran aquí? Sólo es cuestión de untar la mano de uno de esos… y todo pasa sin problema por la aduana y los puertos. Los tipos que trafican dan una maquillada al producto y todo acaba funcionando.

– ¡Yo jamás habría imaginado esto!

– Es que los tipos de corbata no dejan pensar al pueblo, piensan por él.

Oyendo lo que Weber decía me convencí de que él tenía razón en sus opiniones. Consideré corrupta la sociedad en que vivíamos culpándola de todos los males. Empecé a mirar al ser humano como perteneciente a una especie biológica decadente en la que los individuos nacían, crecían y morían sin ninguna finalidad.

“Ahora que me encuentro en el mundo inmaterial, en una dimensión paralela donde espíritus amigos y bondadosos me auxilian en mi desintoxicación – después de tantos años aún me encuentro impregnado de las toxinas de los productos que consumí – consigo ver cómo vivimos de manera equivocada cuando habitamos el mundo. No somos educados para conocer o comprender algo fuera de la materia. Existen varios caminos, señalados por medio de las diversas religiones, útiles al ser humano como forma de protección contra las celadas y seducciones que a veces cautivan hasta a las almas ya en camino de elevación, pero que aún no se libraron de los males mayores que son el egoísmo y el orgullo que tantos nos ciegan. Por estas puertas abiertas somos capturados con destreza por enemigos astutos. En nosotros, jóvenes de cuerpo, es siempre inculcada por los hermanos de las sombras (3) una negativa visión de la religión. Así pasamos a considerarla como pérdida de tiempo, pues en nada nos ayuda. De esa manera nos alejamos del camino que proporciona defensas a nuestras almas contra las caídas en las trampas de la perdición.

Los jóvenes estarán más fortalecidos y el mundo ciertamente se volverá mejor cuando los padres se preocupen de decir a los hijos que Dios existe, enseñándoles desde niños a desarrollar la fe razonada y consciente, instruyéndoles que nuestras oraciones son atendidas conforme nuestras reales necesidades y méritos.”

(3) Espíritus en estado de profunda ignorancia y envueltos por sentimientos le orden inferior. Nota de la editorial

Continuará…

Espíritu André K
Médium Gorete Newton
Extraído del libro “Diario de un drogadicto”
Traducción del portugués por: Edite Marti

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