Conocer nuestras flaquezas

Paz a vosotros: Y haced ligera vuestra carga, que sólo lo que no se quiere llevar fatiga el cuerpo y al espíritu. Ved hermanos con cuánta ternura y soltura lleva la madre en su seno al hijo que espera con ansia, pero también ved que algunas desechan lejos de sí al fruto de sus entrañas, por no ser fruto de su amor, ni de un bendito anhelo.

Así vosotros, el fajo que descansa sobre vuestros hombros, será ligero si cargáis con él con firme Voluntad y el buen deseo de llevarlo hasta donde convenga, para poderlo descargar y, reposadamente, mirar lo que contiene para saber dónde y cómo se ha recogido.

Cuando el espíritu conoce la clase de leña que acarrea, más fácil le resultará saber si el fuego la consumirá con mayor o menor presteza. La leña húmeda no quema, dejadla secar al sol de la Meditación y veréis cuán presto las llamas del Remordimiento la consumen y la purifican.

Hermanos amados, preciso es que conozcáis vuestras flaquezas porque así podréis pulirlas con el esfuerzo del buen Rectificar. No empecéis por los defectos más rebeldes, la obediencia es una virtud que como todas, se adquiere practicándola con los pequeños actos, los más insignificantes. Domar un brioso corcel es difícil, mas no, llevar de la brida al joven potrillo que sin grande esfuerzo andará al paso. Empezad por lo más fácil y así conseguiréis lo más difícil.

Todo en el camino de la Evolución necesita de una práctica adecuada. No creáis, en modo alguno, que se pueda practicar de lleno el Bien en letras mayúsculas, sin antes haber ensayado mil veces a comportarnos en el medio en que nos movemos. El Bien empieza casi siempre, en acceder a llevar a cabo un acto de transigencia a un desmedido orgullo.

Aquel acto habrá significado un importante paso adelante, aún cuando no por ello, signifique que hayamos vencido al orgullo, ¡oh no!, éste es un defecto que el hombre tarda en desterrar del todo. El orgullo alimenta la vanidad, el engreimiento, y esto no engendra más que ignorancia. Ved pues, que es preciso luchar contra ambas cosas, ya que la una prevalece porque existe la otra, aún cuando los factores estén alterados, desdichadamente, el producto siempre es el mismo. Intentad restar vitalidad a vuestras debilidades, porque así evitaréis la suma de errores.

Os ama. Pablo

Igualada, 12-02-1977

M. Dolors Figueras
Extraído del libro “Mensajes de paz”

2 comentarios en “Conocer nuestras flaquezas”

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