Santa Madre Teresa de Calcuta

14183725_698090750348713_8270951744322039837_nLa semana pasada, el Papa Francisco elevó a los altares de la Iglesia Católica Apostólica Romana, como Santa Madre Teresa de Calcuta, a quien había sido beatificada por uno de sus antecesores, el Papa Juan Pablo II.

Como soy un gran admirador de ese venerado ángel de la caridad, siento una gran emoción, aunque pertenezco a las filas de la doctrina espirita, lo que no invalida el respeto que nosotros, los espiritistas, conservamos por todas las criaturas…

A partir del momento en que ella retornaba de una labor de reflexiones en otra ciudad, tuvo la perfecta visión relativa a una cruz, en la clausura del monasterio donde trabajaba. La imagen de Jesús tenía debajo de sus pies las palabras: Tengo sed.

Ella se preguntó cuál había sido el líquido que le habían dado en la cruz, antes de su muerte, y recordó el vinagre y el áloe con que le humedecieron los labios, mediante un tejido impregnado y puesto en la punta de una lanza. Acto seguido, se preguntó qué era lo que ella misma le estaba ofreciendo, dado que Él continuaba con sed de amor, y tuvo el coraje de constatar que permanecía sometida a dogmas y ceremonias, además del curso de inglés que suministraba a jovencitas de la clase media alta, en el Colegio del Convento.

Nació, en aquel momento, la cristiana valerosa, que afrontó las dificultades tremendas que dominaban a las religiones de la India y a la propia Iglesia, y así se convirtió en la caridad viviente. Quedarían registrados sus gestos de abnegación, amor y renuncia absoluta, en favor de los hijos del calvario a lo cuales se había referido Jesús.

Hansenianos abandonados, tuberculosos olvidados en los guetos de la miseria, niños en estado deplorable, familias despedazadas, comenzaron a recibir su amparo y el de sus hijas espirituales, que vinieron después, y la humanidad ya no fue la misma. Centenas de miles de leprosos fueron arrancados de las cuevas donde se encontraban, de las latas de basura adonde eran arrojados para que murieran más rápidamente, y demostró que la caridad es la flor más bella producida por el amor.

A partir de entonces, Jesús se convirtió en la esperanza de los desfavorecidos…

Publicado no jornal A TARDE, de 22 de setembro de 2016.

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