Autoconsciencia

DivaldoA medida que el ser madura psicológicamente pudiendo discernir lo que debe y puede hacer en relación a lo que puede más no debe o debe, sin embargo, no puede realizar, surge la auto conciencia que lo predispone al crecimiento interior libre de conflictos y tribulaciones.

Normalmente, en los periodos primordiales del desenvolvimiento moral y espiritual predominan en su facultad de actuar los conceptos que le llegan del exterior, las opiniones conflictivas que lo rodean, las directrices que son establecidas por otras personas que se creen poseedoras de valores que pueden orientar vidas. No es raro, sin embargo, que esos comportamientos contradictorios que se chocan unos contra otros, confunden a las personas de que las dirige para los fines ennoblecidos de la existencia, por estar casi siempre señalados por las pasiones, en las cuales predomina el ego en detrimento de los sentimientos solidarios.

El principiante, manipulado por unos y otros, en tales circunstancias se pierde báratro  establecido y sin experiencia rumbo en direcciones confusas, descubriéndose engañado,  desconsiderado en los ideales que busca, cayendo más tarde, en la descreencia y en el  desencanto. Cuando sin embargo, aprende a oír y a reflexionar, examinando las  informaciones administradas y cotejándolas con el conocimiento registrado en las experiencias del siglo, realizando sus propias investigaciones, se torna capaz de evaluar las exageraciones que fluyen de los entusiasmos inoportunos, las preocupaciones innecesarias que son comunes a los temperamentos tímidos o escépticos, pasando a construir los alicientes para sus creencias en la lógica, en la vivencia personal, y respetando a todos, pero no tomándolos en consideración en aquello que dice respecto a sus opiniones y caprichos informativos. Ese proceso demanda tiempo y experiencia, mediante los cuales son evaluadas las propuestas del conocimiento y las necesidades del sentimiento.

Estando cada individuo en un nivel de conciencia diferente, que corresponde a las conquistas personales de la emoción y del desenvolvimiento intelectual, el mismo acontecimiento es visto de manera muy personal, conforme el grado de percepción y análisis individual. Es porque las experiencias pueden ser presentadas a todos de manera uniforme, pero cada uno es invitado a vivenciarlas de forma propia y de acuerdo con los recursos que tiene disponibles. Nunca se presentan dos experiencias iguales para tipos diferentes. El acontecimiento puede tener características semejantes, pero sucederá de manera bien especial a cada uno, frente a la diversidad de enfrentamiento que surge en el momento de ejecutarlo.

La autoconciencia desvela recursos inagotables que permanecen adormecidos, aguardando el momento hábil para manifestarse. Es semejante al agradable calor que hace surgir la vida, madurar los frutos y alegrar los corazones después de su hibernación y destructiva.

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Aprende a observar para actuar con seguridad. No te permitas influenciar por opiniones apresuradas sin estructura lógica aun mismo aureoladas por atrayentes configuraciones. Las aguas paradas no reflejan apenas la paz, pero si ocultan estancación y muerte.

La experiencia es el camino atrayente y desafiadora, que cada persona debe recorrer con los propios pies. Los atavismos, que permanecen en la conducta y en la reflexión mental, tienden a conducir al individuo a las repeticiones de comportamientos ya vivenciados, sin permitir el despertar de mayores intereses por las nuevas expresiones de la realidad.

Los hábitos de la meditación en torno de los pensamientos vitalizados debe constituir un proceso de madurez de las ideas, a fin de que pasen a tener significado útil propiciador del crecimiento intimo. Paso a paso, la mente se dilata y la comprensión de los objetivos existenciales se hace más clara, reflejando más armonía interna y encantamiento exterior en relación a los cuadros de incomparable belleza que enmarcan los paisajes.

En ese crecimiento intimo, los factores que generan miedo, amargura, inseguridad, ansiedad, son diluidos por la autoconciencia que se firma en los paneles delicados del Espíritu, tornándose mecanismo de seguridad y de armonía. Heredero de las realizaciones del pasado, el ser despierta bajo los camartelos de los actos perturbadores, pero también bajo la inspiración de las ideas ennoblecidas que pasaron por su mente y, de alguna forma, constituirán motivo de iluminación y de razón.

Habiendo predominio de las herencias nefastas, resuman como conflictos y tormentos, que pueden ser decodificados por la claridad de las enseñanzas morales del Evangelio de Jesús, que invita a cambios de comportamiento a través del bien sucedida sintonía con los ideales de la belleza, de la fraternidad, de la caridad.

Descubre cual es su destino estelar y que marcha inexorablemente rumbo a la Gran Ventura, siendo los impedimentos momentáneos desafíos que le cumple vencer. Sin abandonar las valiosas contribuciones que le vienen del mundo externo, vivencia las nobles expresiones del pensamiento, superando obstáculos y superándose en lo que dice respecto a las tendencia para la sombra, lo vulgar, o ya realizado…

La autoconciencia florece y la vida adquiere sentido profundo y encantador. El mal de los malos ya no hace ningún mal. Las persecuciones de la envidia y de la inferioridad no atienden más a los sentimientos ennoblecidos. La calumnia no encuentra resonancia en los paneles de la emoción. La maledicencia no crea problemas impeditivos. Y el ser avanza autoconsciente de lo que debe hacer, porque realizarlo es para que esforzarse para la preservación de su paz personal y, por extensión, por la de todos.

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Un hombre deseó construir un hogar para vivir tranquilamente con la familia. Mandó a un ingeniero y a un arquitecto planear la casa y los detalles que le parecían más convenientes para una residencia cómoda y placentera. Cuando comenzó la construcción, recibió la visita de un amigo, que se presentó con varias sugestiones, cambiando el plano inicial.

Entusiasmado con las opiniones, pidió a los técnicos que corrigiesen los planos, rediseñasen algunas líneas y, con más dispensas, consiguió alterar el primer proyecto. Posteriormente, otro amigo, y más tarde otro más, trajeron opiniones absurdas que redundaron en alteraciones y gastos exagerados. Al terminar la construcción, la misma se tornó inhabitable, extraña.

Calmadamente, el convocó a los mismo ingeniero y arquitecto y le dijo como deseaba su casa. Iniciada la obra, vino alguien a presentarle sugestiones, a lo que el le contesto:

-Esta casa es para mí y la haré conforme creo será cómoda después de oír a los especialistas de la construcción. No alterare nada, por atender las sugerencias y opiniones de los amigos, porque la casa de los amigos es aquella destartalada que abandone. Esta será mi casa conforme pienso y deseo…

La autoconciencia tiene dimensión de lo que es mejor para quien lo desea.

Joanna de Angelis

Psicografia de Divaldo Pereira Franco publicada el 14 de mayo del 2001, en Dusseldorf Alemania. Publicada en el Jornal Mundo espirita de agosto del 2001

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