El sectarismo desaparece a medida que se desarrolla el cristianismo

JHpiresDe los grupos primitivos al universalismo cristiano – Porción de levadura en una medida de harina – Construcción de un mundo sin barreras.

El sectarismo religioso, como todo sectarismo, no es más que un residuo de las fases primitivas de la evolución humana. Porque la humanidad se desarrolló a través de formas grupales, cerradas en sus propios sistemas, egoístas y aislacionistas. Grupos humanos como la familia, el clan, la tribu, y posteriormente las ciudades y las naciones, eran organismos que se cerraban en sí mismos, hostiles a los demás, apegados a sistemas de defensa que el instinto de conservación originaba y aguzaba.

Ese mismo espíritu egoísta, que se basaba en la naturaleza animal y en la estrechez mental de los hombres, caracterizó a las religiones, los linajes familiares, las agrupaciones políticas, y aún en nuestros días nos ofreció el doloroso espectáculo del racismo nazi. Sin embargo, en la medida en que la humanidad evoluciona, el espíritu humano se ensancha, superando barreras y destruyendo fronteras.

El hombre se universaliza. Su mente se abre a una comprensión más amplia del mundo. Su corazón, como un botón en flor que desabrocha, desarrolla las hebras en el sentimiento universal del amor. Para el hombre tribal, solamente los de su tribu eran gente, todos los demás no pasaban de ser “enemigos”. Para el racista, sólo los de su raza tienen valor. Para el sectarista, sólo los de su secta valen, sólo ellos son verdaderos y merecen la protección de Dios.

En el Cristianismo, concepción universalista del mundo, ese residuo de épocas primitivas aún consiguió medrar, provocando las terribles matanzas religiosos que ennegrecen la historia humana. Porque la naturaleza del hombre no cede con facilidad a la influencias renovadoras. Sin embargo, en el Espiritismo no es posible permitirnos la continuidad de esos sentimientos negativos. El espíritu sectario es la negación de los principios cristianos, y por consiguiente la negación de los principios espíritas, que reviven en el mundo moderno las enseñanzas de Jesús y de la era apostólica.

Hacer del Espiritismo una secta es asfixiar los principios doctrinarios. Fue por eso, y con miras al universalismo de la ciencia, que Kardec insistió en la naturaleza científica de la doctrina. Presentar el Espiritismo como una religión equivaldría a tirarlo inmediatamente en las luchas sectarias de la época. Presentándolo como ciencia, Kardec lo hacía accesible a todos. Como vemos, sin embargo, en sus libros, y particularmente en “Qué es el Espiritismo”, “La Génesis” y “El Evangelio según el Espiritismo”, la concepción de Kardec era más amplia, entendiendo el Espiritismo como una revelación de triple aspecto: científica, filosófica y religiosa.

El Cristianismo es un lento, grandioso y profundo proceso de reforma del mundo. Jesús definió su función al referirse a la porción de levadura que colocamos en una medida de harina, para hacerla fermentar. Durante casi dos mil años la levadura cristiana fermentó la pesada harina del mundo, mezclándose a ella, penetrándola, absorbiéndola. Pero llegaría el momento decisivo de ese proceso, en que la levadura cristiana revelaría su verdadera naturaleza. Ese momento está anunciado en el Evangelio de Juan: es lo del Consolador, El Espíritu de Verdad, y llegó con el Espiritismo.

La era espírita, en cuyo segundo siglo nos encontramos ahora, es la continuidad natural de la era cristiana. La harina del mundo, dominada por la levadura cristiana, va perdiendo su antiguo sabor, para adquirir otro. Una de las tonalidades de ese antiguo sabor, que tiene que desaparecer cuánto antes, es exactamente el sectarismo, la actitud mental estrecha, que esclaviza al hombre a su punto de vista exclusivo.

El mundo que el Espiritismo está construyendo en la Tierra, con base en los principios fundamentales del Cristianismo, es esencialmente universalista, y por lo tanto antisectario.

El Espiritismo no se proclama el único medio de salvación humana, ni se dice el detentor exclusivo de la verdad. Desde el punto de vista espírita, todas las religiones son formas de interpretación de la suprema verdad, y todas conducen al hombre a Dios, cuando son practicadas con sinceridad. Lo que importa, como decía Kardec, no es la forma, sino el espíritu. De una vez por todas, los espíritas necesitan liberarse de los residuos sectaristas, no respondiendo en el mismo tono a las agresiones sectarias de que son víctimas a todo momento. Solamente practicando la fraternidad y la tolerancia podremos ayudar a la construcción del mundo sin barreras que será el Reino de Dios en la Tierra.

J. Herculano Pires
Extraído del libro «El hombre nuevo»

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