Los relatos de Chardel

delanneHe aquí varios extractos de Chardel, que nos instruyen a la vez acerca de las relaciones de los sonámbulos con el mundo fluídico y acerca del estado del alma del sujeto durante el sonambulismo.(1)

(1) Chardel, Physiologie du Magnétisine

“Un día que la sonámbula Lefrey dictaba a su magnetizador algunas prescripciones terapéuticas, le dijo, con tono singular:

“- ¿Comprendéis bien que él me lo ordena?

-¿Quién -pregunta el doctor- os ordena esto?

“-Pues él, ¿no lo entendéis? “

-No, yo no lo entiendo, ni nadie.

“-¡Ah! es natural -replicó ella-; usted duerme, mientras que yo estoy despierta… “

-Como usted sueña, querida, pretendéis que duermo; pero yo tengo los ojos perfectamente  abiertos, os tengo sujeta a mi influencia magnética, y no depende más que de mi voluntad llevaros al estado en que estabais hace poco. Usted se cree despierta porque habla y porque tiene hasta cierto punto su libre albedrío, pero no puede usted abrir los párpados.

“-Está usted dormido, lo repito; yo, al contrario, estoy casi tan completamente despierta como lo estaremos todos un día. Me explicaré: todo lo que usted puede ver actualmente es grosero, material; usted distingue la forma aparente, pero las bellezas reales se le escapan; mientras que yo, cuyas sensaciones corporales están momentáneamente suspendidas, cuya alma está casi enteramente desprendida de sus trabas ordinarias, veo lo que es invisible a vuestros ojos, oigo lo que vuestro oído no puede percibir, comprendo lo que para usted es incomprensible. Por ejemplo, usted no ve lo que sale de usted para venir a mí, cuando me magnetiza; yo lo veo muy bien. A cada pase que usted dirige hacia mí, veo como pequeñas columnas de un polvo de fuego que sale del extremo de sus dedos y vienen a incorporarse a mí, y cuando usted me aísla, estoy rodeada, más o menos, de una atmósfera ardiente de ese mismo polvo de fuego (1). Oigo, cuando lo deseo, el ruido que se produce a lo lejos, los sonidos que parten y se difunden cien leguas de aquí; en una palabra, no tengo necesidad de que las cosas vengan a mí, puedo ir a ellas, sea el que fuere el lugar en que se encuentren, y hacer de ellas una apreciación mucho más justa que la que podría hacer otra persona que no estuviese en un estado análogo al mío.”

(1) No se dirá aquí que la sonámbula estaba sugestionada por su magnetizador, puesto que
éste ignoraba la existencia de los efluvios. Consúltese a M. de Rochas, Exteriorización de la
sensibilidad. Véanse los experimentos que establecen la objetividad de este fenómeno con un sujeto cuya visión es comprobada con el estudio espectroscópico de la refracción y de la polarización de los efluvios escapándose de los dedos del magnetizador. Las como emanando del magnetizador.

El autor de la Physiologie du Magnétisme refiere también que una sonámbula tenía de noche, durante el sueño natural, una especie de éxtasis que explicaba en estos términos:

“Entro entonces -decía-, en un estado semejante al que el magnetizador me procura, y dilatándose mi cuerpo poco a poco, le veo claramente lejos de mi, inmóvil y frío como un muerto; en cuanto a mí, me adorno con un vapor luminoso y me siento pensar separada de mi cuerpo; en este estado comprendo y veo muchas cosas más que en el sonambulismo, cuando la facultad de pensar se ejerce sin que esté separada de mis órganos; pero después que han transcurrido algunos minutos, un cuarto de hora a lo sumo, el vapor luminoso de mi alma se aproxima más y más a mi cuerpo, pierdo el conocimiento y el éxtasis cesa.”

El doctor añade que en este grado de expansión del sistema nervioso, el hombre espiritualizado, o, si se prefiere, fluidificado en todo su ser, goza de todas las facultades de aquellos que se llaman espíritus, y que solamente en este estado es cuando la centralización de la sensibilidad nerviosa está como rota y completamente difusa. Veremos que el relato de esta sonámbula, relativo al estado de vapor luminoso que ella reviste una vez salida de su cuerpo, está confirmado experimentalmente por los trabajos de M. de Rochas sobre la exteriorización de la sensibilidad.

Prosigamos. Otra sonámbula, que tenía, como ésta, en las horas de la noche, visiones que no se parecían en nada a los sueños ordinarios y la dejaban en un estado de extrema fatiga, dijo un día al mismo doctor:

“Creía estar suspendida en el aire sin forma material, pero toda vapor y toda luz; yo os mostraba que mi cuerpo, que había abandonado tendido en mi cama, no era más que un cadáver.  ¿Veis? -os decía-, está muerto, así será dentro de treinta días. Después,  insensiblemente, esta luz que yo sentía ser yo se aproximó al cadáver, se metió en él, y recobré mis sentidos, quebrantada como después de un penoso sueño magnético.”

(1) No se dirá aquí que la sonámbula estaba sugestionada por su magnetizador, puesto que éste ignoraba la existencia de los efluvios. Consúltese a M. de Rochas, Exteriorización de la sensibilidad. Véanse los experimentos que establecen la objetividad de este fenómeno con un sujeto cuya visión es comprobada con el estudio espectroscópico de la refracción y de la polarización de los efluvios escapándose de los dedos del magnetizador. Las como emanando del magnetizador.

Gabriel Delanne

Extraído del libro”El alma es inmortal”

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