La energía y los fluidos

delanneHasta ahora la ciencia oficial ha negado la existencia de los estados imponderables de la materia. Actualmente la negación no es posiblemente tan absoluta, pues toda una categoría de fenómenos nuevos ha venido a mostrarnos a la materia revestida de propiedades que se estaba lejos de suponerle. La materia radiante de los tubos de Crookes revela las energías intensas que parecen adheridas a las últimas partes de la sustancia; los rayos X, que tienen origen en el sitio donde los rayos catódicos vienen a herir el vidrio de la botella, son aún más singulares, puesto que se propagan casi a todos los cuerpos y tienen propiedades fotogénicas sin ser visibles por sí mismos. En fin, los experimentos espiritas de Wallace, de Beattie y de Aksakoff, nos muestran fotografiados esos estados de la materia invisible que concurren en la realización de los fenómenos espíritas.

(1) Y nosotros podemos añadir hoy por los rayos X y las emanaciones radioactivas: ¿Quién se atrevería a dudar de la clarividencia de nuestros guías espirituales cuando nos predicaban hace tanto tiempo lo que la ciencia sólo hoy descubre?

El Dr. Baraduc, el comandante Darget, el Dr. Adam, el Dr. Luys, M. David, y los experimentos de M. Russell (1), ponen en evidencia esas fuerzas materiales que emanan constantemente de todos los cuerpos, pero especialmente de los cuerpos vivos, y los clisés que se obtienen son testigos irrecusables de la existencia de los fluidos. (2) Asistimos, pues, actualmente, a la demostración científica de estos estados imponderables de la materia, tan obstinadamente rechazados hasta ahora.

1 Véase la Revue scientifique et morale do Spiritisme, segundo año, número de julio de 1897 y números de mayo, junio y julio de 1898.

2 Revue scientifique, 25 diciembre de 1897.

Nos hallamos una vez más, con que la enseñanza de los espíritus se confirma, y que la prueba de la veracidad de estas revelaciones es suministrada por investigadores que no comparten nuestras ideas, por lo que no se puede, por consiguiente, sospechar de complacencia. Cuando hablamos de fluidos es necesario que el público se habitúe a ver en esta expresión algo más que un término vago, destinado a disfrazar nuestra ignorancia.

Es necesario estar bien persuadido de que nos hallamos constantemente sumergidos en una atmósfera invisible, intangible para todos nuestros sentidos, pero que es tan real, tan existente, como el aire mismo. ¿No hemos visto a las más grandes inteligencias del siglo, a los más hábiles analistas, químicos y físicos vivir en contacto continuo con el argón, ese gas que forma parte integrante del aire, sin que sospechasen su presencia? Este ejemplo debe inspirar modestia a todos los que proclaman orgullosamente que lo saben todo y que la Naturaleza no tiene ya misterios para ellos. ¡Ay! La verdad es que todavía somos muyignorantes, y que nuestra existencia transcurre en un lugar del que no conocemos más que una pequeña parte. Lo que debemos comprender bien, es que la atmósfera que nos rodea contiene seres y fuerzas de las que somos incapaces de apreciar su presencia. El aire está poblado de miríadas de organismos vivientes, infinitamente pequeños, los cuales no turban su transparencia.

En el azul traslúcido de un hermoso día de verano revolotean en el aire innumerable cantidad de semillas vegetales que irán a fecundar las flores; al mismo tiempo el espacio está lleno de millares de seres, a los cuales se les ha dado el nombre de microbios.

Influencia de los métodos sobre la placa fotográfica a distancia y en la oscuridad, Todos los seres evolucionan en medio de gases de los que nada nos revela su existencia. El ácido carbónico, producido por todo lo que es viviente o se consume, se mezcla a los gases constitutivos del aire, sin que sea posible sospecharlo. Casi todos los cuerpos emiten vapores que se ahogan en ese laboratorio límpido, y el ojo permanece ciego para todos esos cuerpos tan diversos y, sin embargo, cada uno con su utilidad.

Nuestros sentidos tampoco nos advierten de esas corrientes que surcan el globo y que enloquecen la brújula durante las tempestades magnéticas. La electricidad sólo muy raramente se manifiesta bajo una forma apreciable para nosotros; pues no sólo existe en el momento en que el rayo surca la nube o el zumbido del trueno repercute a lo lejos; obra perpetuamente por lentas descargas, por cambios renovados sin cesar entre todos los cuerpos de temperaturas diferentes.

La propia luz no se percibe más que en límites muy estrechos. Sus radios químicos, que tienen una acción tan intensa, escapan completamente a nuestra vista. Estamos bañados, penetrados por todos esos efluvios en medio de los cuales nos movemos, y la Humanidad ha vivido mucho tiempo antes de conocer estos hechos que, no obstante, siempre han existido. Han sido precisos los descubrimientos de la ciencia para crearnos sentidos nuevos más poderosos, más delicados que los que le debemos a la naturaleza. El microscopio nos ha revelado el átomo viviente, lo infinitamente pequeño; la placa fotográfica es a la vez tacto y retina de una delicadeza y de una agudeza de visión incomparables.

El colodión(1) registra las vibraciones etéreas que nos llegan desde los planetas invisibles, perdidos en las profundidades del espacio, y nos revela su existencia. Registra los movimientos prodigiosamente rápidos de la materia quintaesenciados; reproduce fielmente esa luz oscura que todos los cuerpos irradian durante la noche. Si nuestra retina tuviese esa exquisita sensibilidad, veríamos tanto en la oscuridad como en la claridad, puesto que quedaría impresionada por esas ondas ultravioleta, lo mismo que queda impresionada por la parte visible del espectro. Pues bien, esta placa maravillosa, el colodión, nos presta aún el servicio de hacernos conocer los fluidos que emanan de nuestro organismo y que penetran en él. Nos muestra con una irresistible certeza, que existen a nuestro alrededor fuerzas, es decir, movimientos de la materia sutil que se diferencian unos de otros por caracteres particulares, por una firma especial.

1 Disolución de algodón-pólvora o nitrocelulosa, con dos partes de éter y una de alcohol etílico. Al aplicarse se convierte, por evaporación, en una película transparente y adhesiva. Muy utilizado hoy en día en fotografía y medicina. (N. del E.)

Ya no es posible dudar de esos aspectos, de esas transformaciones de la materia. Hay a nuestro alrededor una atmósfera fluídica incorporada a la atmósfera gaseosa, penetrándola por todas partes. Sus acciones son ininterrumpidas: es todo un mundo tan variado, tan diverso en sus manifestaciones invisibles como lo es la naturaleza física, es decir, la materia visible y ponderable.

Existen fluidos groseros, igual que los hay quintaesenciados. Unos y otros tienen  propiedades inherentes a su estado vibratorio y molecular que hacen de ellos sustancias tan distintas entre sí como pueden serlo para nosotros los cuerpos sólidos de los gaseosos. Pero, ¡cuántas energías se manifiestan en ese medio! ¡Qué cambios a la vista, qué movilidad, qué plasticidad de esa materia sutil!  ¡Cuánto difieren de la pesada, compacta y rígida sustancia que conocemos!

La electricidad nos permite juzgar de la instantaneidad de sus transformaciones; es un prodigio, una fiebre perpetua. He aquí la fluidez ideal para las creaciones tan ligeras, tan vaporosas, tan inestables del pensamiento. Es la materia del sueño en su impalpable realidad. Estudiando la materia gaseosa, llegamos a figurarnos esos estados transcendentales. Bajo la forma radiante, ya vemos a los átomos moverse a velocidades fantásticas, y producir fenómenos cuya intensidad, en comparación a la masa de materia puesta en juego, es realmente formidable, y esta energía nos hace comprender la fuerza en sus manifestaciones superiores, en la luz, en la electricidad, en el magnetismo, que son debidas a ondulaciones rapidísimas del éter.

Es admisible que estos átomos animados de velocidades rectilíneas enormes, girando sobre sí mismos con una rapidez vertiginosa, desarrollen una fuerza centrífuga que anule la atracción terrestre. Sí, es más que probable que se diferencien entre sí por la cantidad de fuerza viva que individualmente contienen, y podemos entrever la inagotable variedad de agrupamientos que se producen entre esas innumerables formas de la sustancia.

Es el mundo espiritual que nos rodea, nos compenetra, y en el cual vivimos; es a través de él que entramos en relación con nuestro organismo fluídico; es porque poseemos este periespíritu por lo que nos es posible obrar sobre este mundo visible de la carne; es por nuestra constitución espiritual que los espíritus pueden llegar hasta nosotros e influenciamos. Pero sólo en la época actual ha sido posible darnos cuenta experimentalmente de esta realidad.

Gabriel Delanne
Extraído del libro “El alma es inmortal”

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