Fotografía de una exteriorización

Gabriel  Delanne“De los ensayos con un aparato fotográfico, ensayos que voy referir, según mi registro de experimentos:

“30 de julio de 1892.

He fotografiado a Mme. Lux, primero despierta, sin ser exteriorizada; seguidamente, dormida, y exteriorizada teniendo cuidado de servirme, en este último caso, de una placa que había hecho permanecer algunos instantes contra su cuerpo, en su châssi, antes de llevarla al aparato.

“He comprobado que pinchando con un alfiler la primera placa, Mme. Lux no sentía nada; con la segunda sentía el pinchazo un poco; con la tercera lo sentía vivamente, todo ello después de algunos instantes de la operación.

“De agosto de 1892.

Estando presente Mme. Lux ensayé la sensibilidad de las placas impresionadas el 30 de julio y que habían sido desarrolladas. La primera no dio nada; la segunda muy poca cosa; la tercera no era tan sensible como el primer día. Queriendo ver hasta dónde llegaría la sensibilidad, di dos fuertes pinchazos en la imagen de la mano, de manera que quedase desgarrada la capa de gelatino-bromuro.

“Mme. Lux, que estaba a dos metros de mí y no podía ver la parte en que le pinchaba, se contrajo al momento lanzando gritos de dolor. Me costó trabajo hacerla volver a su estado normal; se quejaba de dolores en la mano, y a los pocos segundos vi aparecer en la mano derecha, la que yo le había pinchado en la imagen, dos huellas rojas.

El Dr. P…, que asistía al experimento, comprobó que la epidermis no estaba desgarrada, y que los puntos rojos estaban en la piel. Me cercioré, además, de que la capa de gelatina de bromuro que era mucho más sensible que la placa que la soportaba, emitía irradiaciones con máximas y mínimas igual que el propio sujeto; esas irradiaciones casi no aparecían en el otro lado de la placa.”

Detengamos aquí nuestra cita; ésta nos permite hacer constar que existe una relación establecida de una manera continua entre Mme. Lux y su fotografía exteriorizada. Del 30 de julio al de agosto, no obstante el alejamiento prolongado del sujeto, el lazo no se ha roto, y toda acción producida sobre la fotografía se transporta al cuerpo de manera que deja huellas visibles. Es, pues, legítimo suponer que la relación es aún más íntima cuando es el propio periespíritu el que está completamente exteriorizado, sea la que fuere la distancia que le separe del cuerpo físico. Los experimentos de M. de Rochas han sido verificados por el Dr. Luys en la Caridad, y por el Dr. Joire, que ha señalado esta exteriorización en su tratado de hipnología publicado en 1892.

Éste último ha podido comprobar que la exteriorización de la sensibilidad es un fenómeno real que no depende de ningún modo de la sugestión mental, como ha querido insinuar el Dr. Mavroukakis, ni tampoco de una autosugestión, pues, en estos experimentos, si el operador está separado del sujeto por cuatro o cinco personas, hay retraso regular y progresivo en la sensación experimentada por el hipnotizado, lo que, evidentemente, no tendría lugar si esta sensación fuera producida por una sugestión mental del operador.

Gabriel Delanne
Extraído del libro «El alma es inmortal»

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