Mecanismo de la materialización

delanneNos es rigurosamente imposible imaginar que el alma esté desprovista después de la muerte de un organismo cualquiera, pues entonces no podría pensar, en la acepción que damos a esta palabra. No puede verse libre de las condiciones de tiempo y de espacio sin dejar de existir; si así ocurriera, sería algo absolutamente incomprensible para nuestra razón. El estudio nos enseña que hay leyes a las que todos los seres pensantes están sometidos.

En virtud de esas leyes no podemos estar presentes en diferentes lugares a la vez o recorrer más de determinado espacio en un tiempo limitado, ni tener más allá de cierto número de pensamientos o experimentar muchas sensaciones en un mismo tiempo dado. Se sigue de aquí que podemos muy fácilmente imaginar que una inteligencia superior a la nuestra, y no obstante limitada, esté sometida a condiciones muy diferentes; no obstante, no podemos concebir una inteligencia finita absolutamente libre de toda condición, es decir, de todo cuerpo.

Es evidente, por ejemplo, que el mismo existir de una vida física necesita un lazo de continuidad entre los pensamientos, una aptitud para conservar una especie de presa sobre el pasado; está claro que lo que no es ahora, es decir, el pensamiento de hace poco debe ser conservado en algo para poder ser vivificado; esta propiedad del recuerdo implica un órgano en relación con el medio en el cual el alma vive. Sobre la Tierra, mundo ponderable, el cerebro es la condición orgánica; en el espacio, medio imponderable, el periespíritu llena la misma función. A decir verdad, y dado que ese periespíritu ya existe estando encarnado, es el conservador de la vida integral, que comprende las dos fases de encarnación y de vida supraterrestre.

Una segunda condición para una vida intelectual se impone: la de la posibilidad de acción en el medio en que se desenvuelve. Un ser vivo debe tener en sí mismo la facultad de diversos movimientos, pues la vida se caracteriza por las reacciones contra el medio exterior. Es, por demás, la opinión de M. Hartmann, citada por Aksakoff, cuando dice: “Si se pudiese demostrar que el espíritu individual persiste después de la muerte, deduciría que, no obstante la disgregación del cuerpo, la sustancia del organismo persistiría bajo una forma incoercible, porque solamente con esta condición puedo imaginarme la persistencia del espíritu individual.”

Nosotros, espíritus kardecistas, vemos en el periespíritu esta forma insujetable y probamos por las materializaciones que sobrevive a la muerte. ¿Cómo se produce este espléndido fenómeno? ¿Por qué proceso un espíritu puede hacerse visible y aún tangible? Aquí comienzan las dificultades. Sabemos bien que la sustancia de la aparición se le sustrae al médium y a los asistentes, y vamos a tener de ello las pruebas al instante, pues, ¿cómo comprender ese transporte, esa disgregación y reconstitución de materia orgánica sin que se descomponga? Estas manifestaciones trascendentales ponen en juego leyes que nos son desconocidas, y los sabios harían mucho mejor en ayudarnos a descubrirlas que en negar sistemáticamente hechos mil veces comprobados con el más estricto rigor. Entretanto, expongamos siempre lo que conocemos.

Un hecho bien observado es la relación constante que existe entre el médium y el espíritu  materializado. Este último saca la energía de que dispone en gran parte del organismo del médium, de manera que las primeras veces que se manifiesta, no puede salir apenas del gabinete en que el médium está en letargo. Más tarde, su poder de acción aumenta, pero siempre tiene un límite. En un croquis hecho por el Dr. Hitchman se observa que entre el hueco del pecho de la forma materializada y el del médium existe una especie de haz luminoso que relaciona los dos cuerpos y que proyecta un resplandor sobre el rostro del médium. Este fenómeno ha sido con frecuencia observado durante la materialización; se le ha comparado al cordón umbilical. M. Dassier lo asimila a una red vascular fluídica por la cual pasa la materia física en un estado particular de eterización. Hemos observado la presencia de ese lazo durante los desdoblamientos naturales, así como en los experimentos de M. Rochas, por la repercusión de las alteraciones del cuerpo periespiritual sobre el cuerpo material. (1)

1 Balfour-Stewart y Tait, L’Univers invisible.

En las materializaciones ese lazo existe entre el espíritu y el médium, y es natural, puesto que es de este último que la materialización saca la materia y la energía que emplea para manifestarse. M. Aksakoff hace, a propósito de los moldes de materializaciones, una observación muy significativa relativa a la procedencia de la materia física de que la aparición está formada: “Desde el punto de vista de las pruebas orgánicas, no podría pasar en silencio —dice—, una observación que he hecho. Examinando atentamente el yeso del molde de la mano de Bertie y comparándolo con el yeso de la médium observé con sorpresa que la mano de Bertie, sin dejar de tener la redondez de una mano juvenil, presentaba por su aspecto en la cara dorsal los signos distintivos de la edad. Ahora bien, la médium era una mujer de edad.

Murió poco tiempo después del experimento. He aquí un detalle que ninguna fotografía puede producir y que prueba de una manera evidente que la materialización se efectúa por medio del médium y que este fenómeno es debido a una combinación de formas orgánicas existentes, con elementos formales introducidos por una extraña fuerza organizada: la que produce la materialización. He experimentado un vivo placer al saber que M. Oxley ha hecho las mismas observaciones en relación a las pruebas de moldes que me enviaba. “Cosa curiosa —me escribía M. Oxley—, se reconoce siempre en los moldes los signos distintivos de la juventud y de la vejez.

Esto prueba que los miembros materializados, no obstante conservar su forma juvenil, presentan particularidades que delatan la edad del médium. Si examináis las venas de la mano, encontraréis indicios característicos que se refieren indiscutiblemente al organismo del médium.” Si esta teoría es exacta, es decir, si una parte de la materia es tomada del cuerpo del médium, éste debe, necesariamente, disminuir de peso. Esto es precisamente lo que ocurre, como se ha podido comprobar con bastante frecuencia. Mme. Florencia Marryat dice: “He visto a miss Florencia Cook colocada sobre la máquina de una balanza, construida ex profeso por M. Crookes, y he observado que la médium pesaba 112 libras, pero tan pronto como el espíritu materializado estaba formado, el cuerpo de la médium no pesaba más que la mitad: 56 libras.” (1)

1 Florencia Marryat, There is no death.

He aquí una observación de M. Amstrong, extraída de una carta dirigida a M. Kenivers: “Asistí a tres sesiones organizadas con miss Wood, y en las cuales se ha empleado la balanza de M. Blackburn. Se pesó a la médium y se le condujo seguidamente al gabinete. En la primera sesión aparecieron tres figuras que, una tras otra, subieron a la balanza. En la segunda el peso de las apariciones varió entre 34 y 176 libras; esta última cifra representa el peso normal del médium. En la tercera sesión sólo se dejó ver un fantasma; con un peso que osciló entre 83 y 84 libras. Estos experimentos de peso son muy concluyentes, a menos que las fuerzas ocultas se hayan burlado de nosotros. “No obstante, sería muy interesante saber lo que puede quedar del médium en el gabinete, cuando el fantasma tiene el mismo peso que él.

Comparado con otros experimentos del mismo género, estos resultados son todavía más interesantes. “En una sesión de comprobación con miss Fairlamb, ésta fue, por decirlo así, cosida en una hamaca, cuyos soportes estaban provistos de un registrador que marcaba todas las oscilaciones del peso de la médium a la vista de los asistentes. Después de una corta espera, se pudo observar una disminución gradual de peso; finalmente, apareció una figura y se paseó entre los asistentes. Durante aquel tiempo, el registrador indicaba una pérdida de sesenta libras en el peso de la médium, o sea, la mitad de su peso normal. Mientras el fantasma se desmaterializaba, el peso de la médium aumentaba y, al finalizar la sesión, como resultado final, había perdido de tres a cuatro libras. ¿No es una prueba de que para las materializaciones se toma  materia del organismo del médium?” (1)

1 Léase el caso de la lúcida de Cahagnet, de Juana Brooks y el experimento de Aksakoff con miss Fox, etc.

Esto nos parece comprobado; mas hay casos en que también una parte de materia es tomada a los miembros del círculo que asisten al experimento. En su libro titulado, Un caso de desmaterialización parcial de un médium, M. Aksakoff relata que Mme. d’Espèrance se ponía enferma después de la sesión si uno de los asistentes fumaba o bebía alcohol. En este libro se responde a la pregunta realizada sobre lo que queda del médium cuando el peso de las apariciones es tan grande como el del médium; la respuesta es que sólo queda de él el periespíritu, que es de naturaleza invisible, de manera que al penetrar en el gabinete se le encuentra vacío. Esto es, por lo menos, lo que afirma M. Olcott, según experimentos hechos en compañía de Mme. Compton. Con Mme. d’Espèrance, la desmaterialización comprobada en una sesión en Helsingfors, en 1893, no fue tan completa; pero, según la encuesta rigurosa a que se entregó el sabio ruso, quedó probado que la mitad inferior del cuerpo de la médium desapareció. M. Seiling, ingeniero, dice: “Es extraordinario: veo a Mme. d’Espèrance y la oigo hablar, pero, palpando el asiento, lo encuentro vacío; no está allí, sólo se halla su ropa.”

Igual comprobación fue efectuada por el general Toppélius y cinco de los asistentes. Los más próximos a Mme. d’Espèrance, que estaban a algunos centímetros, vieron como su ropa que colgaba delante de la silla, bien que su busto permaneciese visible, se hinchó insensiblemente hasta que hubo recobrado su volumen normal, al mismo tiempo que los pies fueron visibles de nuevo. Esta desmaterialización del médium no siempre es tan completa, pues hay casos en que los dos, la aparición y el médium, son tangibles en el curso de la duración del fenómeno. Resulta de lo que hemos visto que el alma está revestida de una envoltura física, invisible e imponderable, pero que contiene la fuerza organizadora de la materia, ya que ésta, tomada al médium, se modela sobre el dibujo corporal del espíritu.

No nos es muy fácil en el estado actual de las ciencias explicar estos fenómenos pero si no pueden comprenderse todavía, no son, no obstante, sobrenaturales, y es tal vez posible, examinando atentamente las ciencias en su filosofía, formular puntos de vista de los cuales el porvenir revelará su valor más o menos grande. Sea lo que fuere de la explicación, los hechos son verdaderos y bien fundados, y esto es lo esencial.

Gabriel Delanne
Extraído del libro «El alma es inmortal»

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