Experimento del profesor Rossi Pagnoni y del Dr Moroni

Gabriel DelanneEn 1889 apareció un volumen muy documentado (1) relatando las experiencias espíritas de estos señores, realizadas en Pezaro (Italia) cuidando mucho la observación científica. Entre un gran número de fenómenos interesantes vamos a referir los casos siguientes que encajan por completo en nuestro asunto. El Dr. Moroni se servía de una mujer llamada Isabel Cazetti, excelente sujeto hipnótico, para estudiar a los espíritus que venían a manifestarse a través de la mesa. En ciertas ocasiones, le fue posible constatar que las indicaciones suministradas por la sonámbula eran contrarias a lo que creían los asistentes; describía a un espíritu que no era en modo alguno el que se evocaba, y la mesa daba, efectivamente, un nombre muy distinto al del espíritu que se había llamado.

(1 ) Rossi-Pagnoni y Dr. Moroni, Quelques essais de médiumnité, hypnotique traducción francesa de Mme. Francesca

He aquí un ejemplo: “Dos de mis amigos se pusieron en la mesa tiptológica, colocada a algunos metros de la hipnotizada, y evocaron al espíritu de una de sus amigas llamada Livia, evocación ya obtenida por el mismo medio. Entonces la hipnotizada empezó a hacer signos especiales, dado que veía un espíritu. “Moroni, los otros asistentes y yo, que habíamos permanecido cerca de ella, le preguntamos en voz baja lo que veía; respondió:

«Una señora, parienta de la más pequeña de las personas sentadas a la mesa.» Temíamos que se equivocara, pues sabíamos que evocaban una amiga y no una parienta; la mesa de pronto golpeó: «Soy tu tía Lucía, vengo porque te quiero.» “En efecto, el asistente de más pequeña talla tenía entre sus muertos una tía con aquel nombre, en la que no pensaba, y de la cual el otro asistente no tenía conocimiento. Seguidamente la médium murmuró al oído de Moroni que un joven, cuyo nombre comenzaba por R, estaba en la mesa; en efecto, la mesa golpeó R, la primera letra del nombre del joven amigo que nos saludó. Después oímos en la biblioteca un gran ruido, y la médium nos dijo sonriendo, que aquel espíritu había querido darnos la señal de su partida.”

Llamamos muy particularmente la atención del lector sobre estos experimentos, pues prueban evidentemente que son realmente los espíritus los que se manifiestan, y no entidades cualesquiera. No se puede hacer intervenir aquí ninguna de esas pretendidas explicaciones que tienen por base la transmisión del pensamiento del evocador al médium (puesto que éste anuncia anticipadamente un nombre en el que los asistentes no piensan), ni la de la creación de un ser híbrido formado por los pensamientos de los asistentes, ni la intervención, lo que por otra parte sería necesario ver, de elementales o influencias demoníacas. Es el alma de los muertos que afirma su supervivencia por acciones mecánicas sobre la materia. Su forma reproduce fielmente la de su cuerpo terrestre durante la encarnación. La inteligencia ha permanecido lúcida y vivaz, y se revela con toda su actividad después de la muerte.

Estamos en presencia del mismo ser que vivía antes en la Tierra; no ha hecho más que cambiar de estado físico, pero nada se ha perdido de su personalidad pasada. Véase el relato de otra sesión: “Dos de nuestros amigos se sentaron a la mesa de tiptología evocando a Lucía; la primera letra golpeada les hizo creer que conseguían su objetivo; pero la médium murmuró al oído de Moroni (quién tomó nota en un pedazo de papel, lo dobló sin decir nada y lo dejó sobre una mesa) que en lugar de Lucía era el espíritu de Livia el que indicaba a golpes la palabra gracias; ocurrió como se había anunciado, coincidiendo exactamente con la nota escrita.

“La médium invitó a Moroni a ocupar el sitio de uno de aquellos señores en la mesa de tiptología; obedeció, y otra persona se colocó al lado de la médium, preguntándole lo que veía. Ella le respondió de modo que no pudiese ser oída: «Es la hermana del doctor.» En efecto, la mesa indicó Assunta, nombre de una hermana difunta que él invitó a permanecer en la mesa. La médium murmuró al oído del amigo que estaba cerca de él, que el padre de Moroni quería comunicarse; la mesa golpeó estas palabras: Soy tu padre, y puedo llamar feliz el momento en que me encuentro contigo.»

He aquí otro relato en que la evidencia no es menor que en los últimos casos citados: “Después de los ensayos de tiptología, la médium declaró que Padre de un tal M. L. deseaba hablarle. “Hicimos levantar de la mesa a M. L. y le estimulamos a tratar de escribir en otra mesa, porque un espíritu quería comunicarse por él, y le rodeamos para ayudarle en aquella primera prueba. Dos de los asistentes se acercaron a la médium y le preguntaron cuántos espíritus veía en aquel momento a nuestro alrededor. Respondió que veía tres; el ya indicado primero y dos señoras; una era la tía del que le interrogaba; éste, que tenía una fotografía de aquella tía, la mezcló con varias otras fotografías de señoras que pudimos reunir; el paquete fue colocado en la mano de la médium; ésta, sin mirarlo, lo que, por otra parte no podía hacer a causa de la oscuridad que reinaba en aquel rincón de la estancia, y no pudiendo, pues, ser, como se dice, sugestionada por el que le interrogaba, puesto que no veía las fotografías y no sabía en qué orden la casualidad las había dispuesto, la médium, repito, separó una de las fotografías y la entregó a su pariente.

La médium dio a M. L. detalles íntimos sobre sus asuntos de familia. Este señor era forastero; no residía sino desde hacía poco tiempo en la ciudad; su padre había muerto, y tenía veinte años. Para terminar las cortas citas de este importante trabajo, he aquí cómo el Dr. Moroni fue llevado a estudiar los fenómenos espíritas. “Uno de los primeros hechos que, al hasta entonces simple magnetizador, le hicieron comenzar a creer que todas las imágenes que la sonámbula decía ver no eran alucinaciones, fue el siguiente:

“Una tarde, Cazeti (la médium), habiendo sido dormida magnéticamente, exclamó de pronto, sacudiendo un brazo:

“-¡Ay! “Moroni le preguntó:
-“¿Qué ocurre? “Ella respondió:
“-Es que Isidoro me ha pellizcado. (Isidoro era el hermano de Moroni, muerto desde hacía algunos años.)

“El médico descubrió el brazo, y encontró, en efecto, una huella semejante a la que deja la presión de dos dedos; hasta aquí no había nada extraño; podía ser efecto de una autosugestión de la propia señora. Entonces Moroni le dijo:

“-Si es verdad que mi hermano está aquí presente, que me dé alguna prueba. “La hipnotizada respondió sonriendo:

“-Mirad hacia allá -y señalaba con el dedo una pared distante de él. El médico miró y vio una percha, colgada de la pared mediante un clavo, agitarse fuertemente a derecha e izquierda, como si tirara de ella una mano invisible.”

Aquí el testimonio del sujeto o médium está confirmado, apoyado, por una manifestación material. Hemos podido hacer constar, por los ejemplos precedentes, que los fenómenos no son debidos a una exteriorización del médium, puesto que el ser que se manifiesta revela cosas ignoradas por este médium.

No se puede seguir evocando la transmisión del pensamiento por:

1º Porque los movimientos de la mesa se producen sin que el sujeto la toque; esos  movimientos, anunciados o previos, indican un nombre en el que no piensan los asistentes.

2° Porque no siempre se logra la transmisión del pensamiento entre el hipnotizador y su sujeto, como relata el Dr. Moroni (1), que no consiguió hacer pronunciar a su médium la palabra Trapani, en la que él que pensaba obstinadamente. Con mayor razón no se puede concebir cómo el médium pueda leer en el pensamiento de los asistentes, que son para él completamente extraños, no habiéndose establecido la relación magnética entre ellos y el sujeto.

(1) Mediumnidad hipnótica. He aquí este relato: “En el mes de noviembre, un extranjero ilustre asistió a algunas sesiones de nuestro círculo y, después de algunas experiencias medianímicas, deseo otras de clarividencia terrestre. Esta demanda me disgustaba, porque estas experiencias no entraban en el campo de nuestros estudios: tenía ese temor natural de que sobre este asunto nuestra médium fuese inferior a cien Otros, a pesar de creerle superior a otros mil en materia de mediumnidad. “No obstante, como veía al Dr. Moroni consentir en ello con gusto, me callé y dejé hacer sin tornar parte de la experiencia en cuyo éxito no confiaba. “El extranjero presentó un estuche en el cual había encerrado un billete con algunas palabras escritas, y pidió a la sonámbula que procurara leerlos; en esta tentativa se perdió una hora sin resultado alguno. “En seguida ensayó una prueba de transmisión de pensamiento; escribió aparte, sobre un pedazo de papel, la palabra Trapani, y después de habérsela mostrado al hipnotizador, pidió que por sugestión mental, la transmitiera al sujeto. Este ensayo duró casi otra hora, y viendo que de esta manera se perdía el tiempo, que más útilmente se podía emplear, se propuso el abandono del experimento. La sonámbula Se obstinaba, sin conseguirlo, adivinar la palabra, y se vio obligada a cesar por la fatiga.”

Ante tales fenómenos debe cesar la incredulidad, si es sincera. Pero hay individuos a quienes el orgullo domina hasta tal punto, que se avergonzarían de confesar un error. Tanto peor para esos retrógrados; quedan aún investigadores sin ideas preconcebidas que nos tomemos a pecho participarles a esos nuestros descubrimientos. Nos basta, por el momento, con proseguir estos estudios con el firme deseo de instruirnos para estar ciertos de llegar a formarnos una convicción razonada basada en hechos personales. Abundan los ejemplos. Creemos conveniente poner ante los ojos del lector un caso más para hacerle ver que las manifestaciones tienen lugar en todos los medios. Todo consiste en saber y querer suscitarlas.

Gabriel Delanne
Extraído del libro «El alma es inmortal»

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