La felicidad de la oración

Cuando alguien enfrenta dificultades duras y le invitamos a orar, a veces escuchamos en cambio: ¿Y esto resolverá mi problema? ¿Por casualidad, me llenará el plato de comida o me dará una manta para soportar mejor el frío?

Todavía estamos muy lejos de tener la idea exacta del poder de la oración. San Agustín tuvo la oportunidad de decir: ¡Qué conmovedoras son las palabras que salen de la boca del que ora!

Avanzad por los caminos de la oración y oiréis las voces de los ángeles. Son las liras de los arcángeles. Son las voces tiernas y suaves de los serafines, más delicadas que las brisas de la mañana, cuando juegan en el follaje de los bosques. Vuestro lenguaje no podrá expresar esa dicha, tan rápido entra por todos vuestros poros, tan viva y fresca es la fuente en la que, orando, se bebe. En el recogimiento y en la soledad, estáis con Dios. Apóstoles del pensamiento, la vida es para vosotros.

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