El arado

«Y Jesús le dijo: Nadie que echa mano del arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.» — (Lucas, 9:62.)

Aquí vemos a Jesús utilizar en la edificación del Reino Divino uno de los más bellos símbolos.

Efectivamente, si lo desease, el Maestro crearía otras imágenes. Podría reportarse a las leyes del mundo, a los deberes sociales, a los textos de la profecía, pero prefiere fijar la enseñanza en bases más simples.

El arado es la herramienta de todos los tiempos. Es pesado, demanda esfuerzo de colaboración entre el hombre y la máquina, provoca sudor y cuidado y, sobre todo, hiere la tierra para que produzca.

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