Pequeño bandido

En la plaza, la multitud, tumultuada, observaba a un hombre triste, esposado, en plena calle. Los gritos de condenación eclosionaban por todos lados. ¡Asesino! “¡Rápido!” “Es una fiera suelta, decían unos. “Es un monstruo que merece el debido castigo, gritaban otros. ¿De dónde viniste, cruel matador?”

Y el infeliz, cansado, mal sosteniéndose en pie, implora misericordia. “¡Por Dios, no me recuerden! Ya basta la aflicción que me oprime el alma…” “Ustedes me preguntan quién soy yo y de dónde vengo. Pues bien os lo voy a decir.” “Yo fui aquella criatura a quien todos cerraron la puerta…” “Fui el pequeño mendigo que todos vieron pasar, indiferentes a mi suerte.” “Fui aquella criatura sin hogar, sin escuela, sin salud, sin esperanza… “Hambriento, descalzo y roto, mi vida era así…” «Yo crecí en los lodos de aguas residuales, y nunca había alguien para mí…”

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