Cuando nuestros padres envejecen

Cuando somos niños, vemos a nuestros padres como criaturas especiales, invencibles. Ellos pueden hacerlo todo, desde arreglar el carrito roto hasta resolver ese problema de matemáticas súper difícil para nuestras cabezas. Ellos no se cansan. Trabajan todo el día, vuelven a casa y todavía están dispuestos a comprobar si hemos hecho la lección, si nos duchamos correctamente, si alimentamos al perro. Cenan con nosotros, conversan, ven televisión, insisten en que estudiemos un poco más para el examen del día siguiente. Comprueban si nos cepillamos bien los dientes antes de dormir, y rezan con nosotros antes de que el sueño nos asalte. Nunca se enferman. O mejor, de vez en cuando tienen gripe, un poco de tos, dicen que les duele el cuerpo. Pero no es nada. Pronto se ponen de pie, continuando la rutina.

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