Las virtudes y los vicios

893 ¿Cuál es la más meritoria de todas las virtudes?

«Todas las virtudes tienen su mérito, porque todas son señales de progreso en el camino del bien. Hay virtud siempre que hay resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas inclinaciones; pero la sublimidad de la virtud consiste en el sacrificio voluntario del interés personal por el bien del prójimo. La virtud más meritoria está fundada en la caridad más desinteresada.»

894 Hay personas que hacen el bien espontáneamente, sin que hayan de vencer ningún sentimiento contrario, ¿tienen éstos tanto mérito como los que han de luchar con su propia naturaleza, y la vencen?

«Los que no tienen que luchar es porque en ellos se ha realizado ya el progreso. Han luchado en otro tiempo y han vencido, y de aquí que los buenos sentimientos no les cuesten ningún esfuerzo y les parezcan muy naturales sus acciones; el bien se ha convertido para ellos en hábito. Se les debe honrar, pues, como a viejos guerreros que han ganado sus grados.»

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Práctica del bien

1-En la pregunta 945, de El Libro de los Espíritus, Kardec pregunta: «¿Qué debe pensarse del suicidio que tiene por causa el hastío de la vida?» A lo que los Espíritus responden: «¡Insensatos! ¿Por qué no trabajaban? ¡La existencia no les habría sido tan pesada!» ¿Esa respuesta no es un tanto dura y simplista?

El mentor espiritual no escondió la verdad. Al fin y al cabo, según la expresión popular, suicidio es falta de servicio. Falta de trabajo tanto en el aspecto profesional, como en el aspecto de ociosidad. Debemos ocupar el tiempo en actividades que no abran espacio para ideas infelices o para influencias de las sombras, partiendo del viejo principio de que mente vacía es caldera del demonio.

2-¿Si el problema es mantener la mente ocupada, trabajando siempre, ¿por qué hay gente activa y exitosa que comete suicidio?

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Maneras de decir las cosas

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que, en cierta ocasión, un sultán soñó que había perdido todos los dientes. Apenas despertó, mandó llamar a un adivino para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia, señor! Exclamó el adivino. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.

– Pero qué insolente – gritó el sultán, enfurecido. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a los guardias y ordenó que le dieran cien chicotazos. Mandó que trajeran otro adivino y le contó sobre el sueño. Éste, tras escuchar al sultán con atención, le dijo:

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Amor filial y maternal

890 ¿El amor maternal es una virtud, o un sentimiento instintivo común a los hombres y a los animales?

«Lo uno y lo otro. La naturaleza ha dado a la madre el amor a sus hijos con la mira de la conservación de éstos; pero semejante amor en los animales está limitado a las necesidades materiales. Cesa cuando los cuidados son inútiles. En el hombre dura toda la vida, y es susceptible de un desinterés y de una abnegación que constituyen la virtud. Sobrevive hasta la muerte, y sigue al hijo hasta más allá de la tumba. Ya veis, pues, que hay en él algo más que en el animal.» (205-385)

891 Puesto que el amor material es natural, ¿Cómo hay madres que aborrecen a sus hijos a menudo desde el nacimiento?

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Miedo a la vejez

La vejez es un inevitable fenómeno biológico de desgaste que alcanza a todos los seres vivos. Es resultado del esfuerzo mantenido por los equipamientos orgánico, a fin de preservar su funcionalidad. La tercera edad, conforme conviene llamar actualmente la vejez, debe representar sabiduría, riqueza consecuente de las experiencias, periodo propio para el reposo. Por otro lado, también se cree indebidamente que es la fase de las enfermedades degenerativas, de los disturbios emocionales, de los desajustes sociales y del debilitamiento, cuando ya se perdió la utilidad, frente a la imposibilidad de contribuir para el bien de la comunidad. En razón del concepto desfasado en torno del envejecimiento, cuando afirma que ese periodo es de sufrimiento y amargura, muchos individuos pasan a temer la vejez, porque también se aproximan a la muerte, como si esa no ocurriese en cualquier fase de la existencia. 

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Prudencia a la hora de hablar

Hola hermanos: Yo sólo vengo a deciros cuatro palabras, porque ésta es la primera vez que me dirijo a un grupo. Por lo tanto esto va a ser un ensayo para mí. Pero he querido hacerlo en este grupo, por ser, el que me ayudó a salir de la oscuridad y pude integrarme a la Luz.

Hermanos, mi consejo, por la experiencia que he vivido, es que seáis siempre muy prudentes en el obrar y en el hablar. Las palabras, no penséis que es algo que se lleva el viento, al contrario, las palabras entran en la mente de las personas que nos escuchan. Esas palabras pueden causar un grave daño, o por el contrario, hacer mucho bien. Siempre que habléis de otra persona, procurad hacer resaltar sus cualidades. ¡Que toda persona tiene!, y en cambio no habléis de sus defectos.

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