¡Es de la familia!

Mira era muy estimada por los patrones. Sirviente humilde, a todos encantaba con su buena voluntad y dedicación. Huérfana, vio pasar la infancia y la adolescencia en un hogar infantil. Después trabajo en la residencia de Lupércio, rico comerciante, donde pasó a residir. Jerónima, la esposa, en principio la contrató para servicios generales. Luego, observando su vocación para lidiar con niños, le confió sus hijos. La joven se demostró una niñera muy especial, que cuidaba de retoños ajenos con el cariño y la solicitud que lo haría a los de su propia carne.

No se casó. Tímida y recatada, raramente salía, huyendo del contacto con los jóvenes de la vecindad, y ninguno de ellos podría imaginar que aquella mujer de discreta belleza, reservaba todo un tesoro de ternura a aquel que conquistase su tierno corazón. La patrona, encantada con la sirviente, proclamaba frecuentemente:

-¡Mira es de la familia!

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