Razón y fe

“Le dijo: sal de tu tierra y de tu parentela y ven a la tierra que yo te mostraré”

Merece nuestra consideración el mensaje puesto en epígrafe, recordado por el joven Esteban, (primer mártir del Cristianismo) al comparecer ante el Sinedrio, el poderoso tribunal israelita. Resaltemos las palabras tu tierra y tu parentela, y finalmente, la tierra que yo te mostraré. El patriarca Abraham vivía, en la tierra de los Caldeos, atento a las actividades normales y rutinarias del campo, cuidando de sus rebaños de ovejas, bueyes y asnos. Vivía preso a su tierra y vinculado a su parentela. Era, por consiguiente, un hombre circunscrito, limitado en sus objetivos, confinado en sus aspiraciones. El Señor, por la voz de Poderosas Entidades que se comunicaban por voz directa, (Pneumatofonía) le retira de la Mesopotamia, para la ejecución, (junto con el heroico pueblo hebreo), de una elevada misión fraternalita. Lo retira de su tierra, de su parentela, de su familia, para confiarle una familia mayor, una más numerosa descendencia, incontable como las estrellas: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas si las puedes contar” Después acrecentó: “Así será tu descendencia.”

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