La opinión del mentor

Un trabajo diferente: el atendimiento nocturno del Albergue era realizado por las ayudas de los voluntarios. Todas las noches había un equipo, los hombres encargados del contacto inicial, registro, recogimiento de equipaje, el encaminamiento al baño; las señoras con el cuidado de los niños, comidas, distribución de ropas…

Era la aplicación práctica de las enseñanzas de espíritas transmitidas en el centro que mantiene la obra, que funcionaba en el mismo edificio, ofreciendo a los viajantes cansados que buscaban abrigo un poco de calor humano, de fraternidad auténtica. Naturalmente, no todo eran flores; había espinos. Al final, no obstante la buena voluntad, no había allí ningún ángel del Cielo en tránsito por las brumas de la Tierra. El problema más frecuente aparecía en la atención de alcohólicos, que siempre causan trastornos con su comportamiento lamentable, en tres reacciones clásicas: valientes como el león, dispuestos a pelear por cualquier motivo o sin él; inquietos como el mono, importunando a todo el mundo, o vagos con el sueño, echándose sobre bancos y resbalando al suelo, donde, no era raro, lanzaban el fétido contenido de sus estómagos, en nauseas provocadas por la bebida.

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