Los Dioses y el Destino

Historiadores no están seguros de que el haya existido. No obstante, son atribuidos a su autoría los dos mayores poemas épicos de la antigua Grecia: La Ilíada, que exalta las proezas del héroe Aquiles, en la última etapa de la guerra de Troya. La Odisea, que narra las aventuras de Ulises, rey de Ítaca, marido de Penélope. Se trata, como el lector ya percibió, de Homero, el poeta supuestamente ciego que había vivido en el siglo IX a.C.

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En la Revista Espirita, noviembre de 1860, Allan Kardec se refiere a una comunicación mediúmnica firmada por Homero. El poeta se identificó dando informaciones relacionadas con su infancia en Melés, razón por la cual era llamado Melesígene, hecho que Kardec desconocía y que confirmó después. El médium era de pocas letras y no había ningún conocimiento al respecto del autor del mensaje. Son detalles importantes para autentificar la manifestación. Kardec indagó si los poemas, como los conocemos hoy, son fieles a los originales. – Fueron trabajados – informó Homero. Bien de acuerdo con las investigaciones actuales. Se supone que, originariamente, los dos poemas pertenecieron a la tradición oral. Eso implicaba alteraciones frecuentes, no solo en a la forma, sino al propio contenido, en la base del viejo “quien cuenta un cuento aumenta un punto”, hasta que se fijasen los textos definitivos.

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