Obsesión simple

El fundamento de la vida es el Espíritu, en torno de cuya realidad todo gira y se manifiesta. El temperamento de todo ser, junto a las imposiciones que componen el cuadro de su existencia, es una consecuencia natural de la suma de los valores que transitan por las múltiples reencarnaciones, transfiriéndose desde una a otra etapa carnal.

El Espíritu, programado por el fatalismo de la evolución hacia el progreso que lo conducirá a la perfección relativa, crece bajo la claridad del amor, normalmente estimulado por el aguijón del sufrimiento, que él se proporciona en razón de la rebeldía, como de la insatisfacción, que son las relevantes excrecencias del egoísmo. Al traer el germen de la divina presencia de donde se origina, adquiere mediante las experiencias que le complace vivir, los recursos para progresar, estacionar o retardar el desarrollo de las funciones que le son inherentes, de las cuales no se podrá deshacer por más que lo desee, si cae en la alucinación abrasadora de la desdicha en la que se detenga…

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