El otro lado del camino

La muerte no es nada. Sólo he pasado para el otro lado del camino. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que fui para vosotros, seguiré siendo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado, hablad conmigo como siempre lo habéis hecho. Vosotros seguís viviendo en el mundo de las criaturas, yo estoy viviendo en el mundo del Creador. No uséis un tono solemne o triste, continuad riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Rezad por mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin ningún énfasis, sin ningún rastro de sombra o tristeza.

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