El árbol precioso

Destacando el Señor que la construcción del Reino Divino sería obra de unión fraternal entre todos los hombres de buena voluntad, el viejo Zebedeo, que amaba profundamente los apólogos del Cristo, le pidió alguna narrativa simbólica, a través de la cual la comprensión si hiciese más clara para todos. Jesús, benévolo como siempre, sonrió y contó:

– Vivían los hombres en permanentes conflictos, acompañados de miseria, perturbación y sufrimiento, cuando el Padre compadecido les envió un mensajero, portador de sublimes simientes del Árbol de la Felicidad y de la Paz. Bajó el ángel con el regio regalo y, congregando a los hombres para la entrega festiva, les explicó que el vegetal glorioso produciría flores de luz y frutos de oro, en el porvenir, apagando todas las disensiones, pero exigía atenciones especiales para fortalecerse.

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