La moratoria

Eronildo Gustavo era muy estimado en los círculos de sus relaciones, particularmente en la comunidad espírita de la cual participaba. Servidor incansable, permanecía atento a los sufrimientos ajenos, procurando aminorarlos con los recursos materiales y espirituales. En la tribuna a todos encantaba con su verbo fluido y esclarecedor. Escribía páginas bellísimas… Uno de los beneficiados de sus iniciativas le decía, impresionado:

– ¡Admiro profundamente su trabajo! Su actividad es altamente meritoria…

– Meritoria, no. Moratoria.

– ¡?!

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