Precipitación

La precipitación es la responsable de muchos males que afligen al hombre. Un comportamiento ansioso conduce a estados de perturbación que originan sufrimientos perfectamente evitables. Bajo el estigma de la ansiedad, las actitudes son incorrectas, fomentando resultados inadecuados para la edificación interior. Por eso mismo, es imprescindible la práctica de la calma para lograr una actitud armónica frente a las perplejidades que la vida moderna impone. La calma enseña a esperar los resultados de cualquier realización, que no pueden ser anticipados.

El ritmo del tiempo es inalterable y por esta razón los acontecimientos se suceden naturalmente dentro de lapsos que no pueden ser modificados. A instancias de la precipitación, el hombre oye y ve mediante una óptica deformada, que lo perturba más aún, ya que obnubila su discernimiento, precipitándolo en los despeñaderos del infortunio.

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