Dios, ¿dónde estás?

¡Dios! ¡Oh, Dios! ¿Dónde estás que no respondes?

¿En qué mundo, en qué estrella te escondes, embozado en los cielos?

Hace dos mil años te envié mi grito, que en vano desde entonces recorre el infinito…

¿Dónde estás, Señor Dios?…

* * *

De esta manera, el poeta de los esclavos lanzó su súplica, en nombre de la sufrida África, que tenía a sus hijos desarraigados de su seno para ser vendidos en todo el mundo. Como él, en ciertos momentos de dolor profundo, dirigimos nuestros lamentos al cielo: ¿Dónde está Dios que no salvó la vida de mi hijo?

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