La Romería de San Isidro

Innumerables descripciones se han hecho de esta fiesta popular; infinitos artículos han querido copiar ese inmenso cuadro de tantas y tan diversas tintas, pero ni pintores ni poetas han podido dar más que una idea pálida de la célebre romería del Santo Labrador; es necesario verla para comprenderla en lo que vale. Solo contemplando aquella alegría tan pura y tan unánime que reina entre los hijos del pueblo; aquella fraternidad que une por breves instantes a los grandes con los pequeños, solo escuchando aquel rumor inmenso, aquel grito unánime lanzado por mil y mil bocas que parece un voto de gracias elevado al cielo, solo entonces puede sentirse algo. Decir, nada.

Todo es pálido, todo es frío a pesar de los intentos que se hagan describirla fielmente. No hay pincel humano que copie con las nubes y celajes del crepúsculo vespertino; no hay pluma que pueda describir el goce interno del corazón humano.

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