A la Virgen de la Misericordia

Me cuentan las reusenses madres mías,
que cuando a ti en la noche solitaria
te demandan consuelo en su agonía,
que nunca tu desoyes su plegaria.

Dicen que de la peste asoladora
están libres por ti de sus rigores
y que les das la lluvia bienhechora
para que obtengan en sus campos flores.

Y óptimos frutos cuya gran riqueza
proporciona al país vivir tranquilo
que a tu misericordia y a tu largueza
le deben los más pobres un asilo.

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