Indulgencia permanente

Escasea, cada vez más, en el comportamiento humano, la indulgencia. Es relevante para el éxito de la criatura en sí misma y en la relación al prójimo, el pragmatismo negativo de los intereses inmediatos viene, poco a poco, desacreditándola, dejándola al margen. Sin la indulgencia en el hogar, ante actitudes infelices de los familiares o en referencia a sus equívocos, se instala la malevolencia; en la oficina de actividades comerciales, produce la desconfianza; en el trato social propicia el desconfort moral y responde por la competición destructiva…

Intentando sustituirla, las criaturas imprevisoras colocan en los labios la mordacidad en el trato con el semejante, la falsa superioridad, la ofensa frecuente, la hipocresía en imitaciones de tolerancia. La indulgencia para con las faltas ajenas es perfecta comprensión de la propia fragilidad, se refleja en el error de otro, entendiendo que todos necesitan de oportunidad para recuperarse, y facultando sin asumir rígido comportamiento de censor o injustificable postura de benefactor.

Leer másIndulgencia permanente